“Mío es su último sangrado”

“El primer punto reside en ponerle nombre específico a este delito –advierte la autora–. Nominarlo femicidio significa rastrear la mano masculina detrás del crimen. Implica verbalizar, politizándola, la vocación misógina asociada con tradiciones patriarcales, que consiste en apropiarse de la vida y la muerte de las mujeres.”

El primer punto reside en ponerle nombre específico a este delito. Nominarlo femicidio significa rastrear la mano masculina detrás del crimen. Implica verbalizar, politizándola, la vocación misógina asociada con tradiciones patriarcales, que consiste en apropiarse de la vida y la muerte de las mujeres. Al decir de Celia Amorós: “Lo que ahora está sobre el tapete son las ventajas epistemológicas y políticas de singularizar conceptualmente el femicidio idiosincrático”. Se trata entonces de avanzar, como se viene sosteniendo desde el feminismo, en una teoría crítica de la sociedad que se ocupe de las relaciones entre los géneros globalizados y posglobalizados. Para lo cual precisamos abrir otro canal: hoy se mata en otro mundo. Es un mundo en el cual los transgéneros están en superficie y los dualismos bipolares han caducado. O sea, cuando afirmamos “un hombre mata una mujer” mantenemos esa polaridad convencional que la presencia de las subjetividades e identidades de los transgéneros han desordenado. No obstante, al decirlo de ese modo incorporamos, en la semiosis social, mediante ese estrechamiento discursivo (el que produce la bipolaridad), el giro lingüístico claro y rotundo: un hombre mata a una mujer. Es la palabra compaginada para que nos escuchen. Lo llamaremos asesino, por convención semántica. Pero no se trata de asesinar, sino de matar mujeres, que no es un giro lingüístico intercambiable con mentar el asesinato.

El femicidio como delito con entidad propia visibiliza, de manera estridente, la relación simbólica que anuda al homicida con las ideologías patriarcales de la ciencia del derecho. Por una parte, acerca del disvalor de las mujeres que impregna intensamente la codificación de nuestras leyes y los contenidos de las sentencias. Por otra parte, la relación simbólica del homicida con esas sentencias y deslizamientos del Derecho que se cotizan en impunidades, “falta de pruebas” y libertades condicionales.

Paralelamente, precisamos irrumpir mostrando las estadísticas que evidencian la cantidad de mujeres asesinadas, estadísticas con las que no contamos si se exceptúan los aportes de las agencias periodísticas, pero la cifra arriesga opacar la mirada y la acción sobre el imperio que la misoginia ha construido. Porque en esta índole de relación entre hombres y mujeres se reproduce el fenómeno antiguo de la caza reiteradamente asociada con la violación.

La sangre y su interfase

El varón en tanto cazador está decidido a verter la sangre de la víctima. La sangre es un capital de las mujeres, ceñido al ciclo menstrual y a la pretensión del himen virginal. Se establece entonces el isomorfismo entre la sangre que producimos las mujeres y el derramamiento mortal del femicidio.

Al matar, el femicida irrumpe en este circuito vital de la intimidad corporal creando su propio vertedero de sangre que habrá de coagularse con el transcurrir de las horas y genera de este modo una interfase, ya que expone brutalmente a su víctima a las miradas de la policía, los médicos y el periodismo. Interfase que no se menciona como tal y en la que se ingresa mediante las miradas de las fotos que ilustran los hechos. Es el triunfo maníaco de su obra que, con las fotografías escaneadas en la intimidad de los laboratorios de criminología o públicamente, multiplica de manera obscena el efecto de las heridas resecas. Triunfo maníaco porque consolida su último dominio: “Mío es su último sangrado”.

Las teorías y aportes sociológicos y psicológicos acerca del femicidio reconocen el abuso de poder, el despotismo, la misoginia y sus derivaciones sociopolíticas. Precisan, aunque no todas lo mencionen explícitamente, la presencia de un cuerpo de mujer que siempre fue la prenda para el triunfo masculino. En violación y femicidio, los dos ataques máximos a la integridad de un ser humano. Ambas penetran de manera irreparable en el cuerpo de la mujer.

Teniendo en cuenta el valor de símbolo que acompaña la presencia o mención de la sangre en la mujer a la que históricamente se le instituyó valor de maleficio, también se la describió como suciedad adosada al misterio de esa fuente escondida.

El género masculino se campeoniza en lograr lo irreparable dentro y sobre esos cuerpos de mujeres que constituyen el cebo para el triunfo: no hay vuelta atrás una vez que violaron y mataron. Una vez que se vertió sangre algo está roto. No en vano, los griegos prohibían el derramamiento de sangre al matar a una mujer. Así lo escribe Nicole Loreaux: “Para la mujer, la sangre es cotidiana; al morir debe evitar derramarla (…). y suspenderse en el aire, estrangulada, como Yocasta. El hombre muere en la batalla, escindido por la espada y vertiendo su sangre: Jamás un hombre elige colgarse, aunque alguna vez lo pensara, siempre en la tragedia griega, un hombre se mata como hombre. Para una mujer, en revancha, la alternativa queda abierta: buscar en el nudo de una cuerda un final bien femenino o apoderarse de la espada –como Deyanira– para robarles a los hombres su forma de morir…”

¿Cuál es y cómo es la rabia y el terror de quien no es asesino, sino es aquel que elige matar a una mujer? Con uno que mata ¿cuántos otros gozan?

El caso Barreda

¿Cuántos comparten esa pulsión de poder con perspectiva femicida? Imposible conocer el venero masculino, pero sí es posible analizar la obscenidad que determinadas producciones en Internet consagran. Por ejemplo: En mi país se creó un modelo que concentró la caza dentro del territorio del victimario (su casa) cuando asesinó, sucesivamente y en los parámetros del mismo horario a su esposa, a su suegra y a sus dos hijas de 24 y 26 años, respectivamente. Asesinato serial y doméstico. Suficientemente conocido en nuestro país.

En sus declaraciones ante el juzgado sostuvo que estaba harto de padecer humillaciones provenientes de estas cuatro mujeres, quienes lo apodaban, diariamente, con el sobrenombre de “Conchita”, para humillarlo. Es decir, lo “transgeneraban” ofensivamente otorgándole rango anatómico vulvovaginal. Lo transformaban semánticamente en mujer, fatalmente, sin menstruación.

El apelativo Conchita asocia el nombre de este genital de la mujer con una sexualidad denigrada, abarcativa de todas las funciones genitales. La enlaza con la pasividad y con la castración, que serían las descalificaciones con las que sus víctimas lo humillarían. Lo cual no deja de resultar extraña, tratándose de cuatro mujeres que eligieran, para agraviarlo, una extensión de sus propias anatomías. Nunca sabremos si realmente Conchita era el insulto que recibía. Eso fue lo que declaró. Y el imaginario social y popular entendió que había sido agraviado por esas cuatro mujeres que al nombrarlo sustituían el falo por la hendidura.

Buscó silenciar las voces que, según sus dichos, le habrían ordenado “andá a podar la parra que es para lo único que servís”. Parra, la vid que crecía en el patio posterior de la casa. Buscó la tijera podadora y al hacerlo encontró, guardada, la escopeta calibre 16.5 que su suegra le había regalado al regresar de su viaje a España. En ese momento –dijo– decidió el asesinato serial.

¿Sucedió de este modo? ¿Por qué la parra se introduce en esta escena? ¿Cuál fue la bíblica función de la hoja de parra? Cubrir los genitales de Adán y los de Eva, después de haber violado la ley divina.

¿Existió realmente ese mandato en la voz de las mujeres? La parra sin duda existía y si la menciono, se debe a que en la imagen de Barreda en la estampita que lo glorifica y circula por Internet, la tijera de podar ocupa un lugar privilegiado. Forzar las coincidencias excede esta presentación, pero los genitales alterados (conchita refiriéndose a un varón) en la discursividad que Barreda organiza y selecciona para presentarse entre el tribunal, se enreda con los rizomas de la vid, que no es una presencia ingenua en el mito bíblico que aparece como transfondo bizarro en este múltiple femicidio. Porque al fin y al cabo, la vulgarización del mito bíblico apuesta a la parra en relación con los genitales. Y la genitalización –verbalizada como “conchita”– forma parte de los documentos periodísticos con los que contamos para informarnos acerca del delito. Escopeta y tijera de podar son los dos atributos que exhibe en sus manos el femicida, gracias al talento imaginativo de quien diseñó esa estampa de San Barreda, que transparenta mucho más de lo que quizá se propuso. Y que resaltaría muy extenso desanudar interpretativamente. Además de riesgoso.

Desde este análisis sólo tendríamos un asesino serial y cuatro femicidios agravados por el vínculo. La novedad, en territorios de la icónica y de la discursividad social, reside en la estampita, la imagen santificada del sujeto que comenzó a circular por los medios y en Internet utilizando su foto, añadiéndole una oración, y solicitándole “protección” contra las mujeres despóticas. Además de las listas y “clubes” dedicados a sacralizarlo. (Cabría reflexionar si no estamos ante el delito de inducción al femicidio.)

El objetivo es crear una representación mental que naturalice el crimen, teniendo en cuenta que las representaciones se producen y recrean en la interacción social, de allí el interés en difundirlas por los medios e Internet.

La novedad que implica este cuádruple femicidio se asimila al sistema de significaciones y significados que tienen quienes crearon la estampita acerca de las mujeres, dicho de otro modo, esta novedad femicida verifica el discurso dominante acerca de las mujeres, particularmente acerca de lo insoportables y violentas que somos. De quienes es preciso defenderse al precio del homicidio.

Cabe interpolar la idea del goce corporal que puede haber suscitado el conocimiento de este cuádruple crimen en determinados sujetos, la resonancia corporal, por identificción masiva con el acto de matar mujeres, quizás anticipando en el deseo de algunos. Pero este resonador personal no sería suficiente para intentar una descripción y explicación en un nivel más abarcativo la creación de una representación social que aliente los femicidios al naturalizar el hecho de matar porque “ellas me maltrataban”. La comunidad instala un valor ajeno al preexistente: no matarás, sustituyéndolo por “siempre y cuando que no se trate de mujeres molestas”.

Tanto la pléyade de opiniones a favor y en contra del sujeto, propiciada por los medios de comunicación, así como la circulación de la estampita instalan un proceso de familiarización con el crimen de mujeres a punto de tornar inteligible lo sucedido porque “ellas lo maltrataban”, según las declaraciones del homicida.

¿Habría contraprueba posible?

La santificación popular del asesino promueve al femicida al rango de protector de los varones frente a los ataques malévolos de las mujeres. Ante lo extraño e incomprensible y aun intolerable del suceso, la comunidad busca adaptar lo ocurrido creando debates alrededor de lo intolerable y organiza respuestas –la estampita es una de ellas– desde el discurso misógino. Lo cual la transforma en una comunidad peligrosa para las mujeres. A pesar de las legislaciones referidas a sus derechos.

La estampita podría considerarse un hecho fortuito y coyuntural, si no contáramos con las evidencias de femicidio. Y las conductas que podemos considerar anticipatorias atentas/os al incremento de pedidos de ayuda que recibimos en la línea 137 y el contacto cotidiano con mujeres amenazadas de muerte. O sea, tanto los debates cuanto la estampita constituyen una periferia de los femicidios cuya importancia reside, justamente, en su construcción como periferia acompañante del crimen instituido por algunos miembros de la comunidad.

Al decir de Carlos Rozanski: Esa cultura histórica de violencia e impunidad es la característica más importante del femicidio, que la diferencia del resto de los homicidios. Eso, a su vez, condiciona a los operadores, que influenciados por aquellos mitos, estereotipos y prejuicios de género que atraviesan el fenómeno realizan intervenciones que con frecuencia favorecen a los asesinos y contribuyen a la impunidad. Una de las maneras más tradicionales en que se evidencia esa tendencia es tratar los casos e investigaciones como si fueran delitos comunes y sin características tan específicas (…) Cada vez que se comprueba que la mayoría de los femicidios tienen atrás una historia previa de denuncias y pedidos desesperados de ayuda nunca respondidos por quienes tienen la obligación de hacerlo, el acto se repite.

* Este texto recorta alguno de los temas expuestos en la conferencia “Femicidios en Argentina. Aportes y análisis de la sacralización popular de un femicidio serial: el caso Barreda”. Lo expuse en el Congreso Género. Feminismo, diversidades, invitada por la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Costa Rica, Instituto de Estudios de la Mujer. 20 de junio de 2011.

El cemento primero

El Senado de Nueva York ha legalizado, recientemente, el matrimonio entre personas del mismo sexo, sumándose a otros cinco estados que permiten tal medida. El gobernador del estado, Andrew M. Cuomo presidió la iniciativa apoyado por varias organizaciones que defienden el respeto por los derechos de los homosexuales, que no son ni más ni menos que los del resto de la ciudadanía, pero que durante largo tiempo han sido vulnerados. Se estima que alrededor de tres millones de dólares, producto de la alianza entre estas organizaciones, fueron utilizados en esta campaña para persuadir a los senadores, a través de mensajes publicitarios dirigidos a sus votantes, de los beneficios morales y políticos de su aprobación. 

En Montevideo, capital del país que mayores avances en Sudamérica ha expuesto en la lucha contra la discriminación, se realizó el último fin de semana una masiva y pacífica protesta frente a una de las discotecas más conocidas de la ciudad por haber expulsado de sus instalaciones a dos jóvenes varones que se dieron un beso mientras festejaban un cumpleaños. La denuncia, primero policial, de los afectados, y luego pública a través de las redes sociales, produjo un caudaloso debate y un importante apoyo de organizaciones y jóvenes que vieron en este hecho una muestra de abuso condenable. Más de trescientos jóvenes homosexuales se dieron cita frente a la discoteca para recordar con besos que nadie puede ser discriminado en el país por su identidad de género. Huelga decir que tal iniciativa no fue reprimida por ninguna autoridad pública. Lima, Perú. La alcaldesa Susana Villarán ha propuesto a su consejo municipal el análisis y la emisión de una ordenanza municipal que obligue a los locales privados, abiertos al público como los comerciales, a colocar, tal cual en el caso de la ley antitabaco, avisos que alerten y prohíban toda forma de discriminación por la orientación sexual. Reacción: Un marcha de cientos de ciudadanos promovida por grupos conservadores y apoyada por congresistas electos dispuestos a demostrar con falacias la inadmisibilidad del proyecto normativo. Uno de ellos, Julio Rosas, elegido por la agrupación fujimorista ha dicho literalmente que no se puede permitir que en lugares públicos se coloque carteles en donde se promueva libremente dicha ideología y práctica. Otro, con mayor notoriedad mediática, el evangelista Humberto Lay, ha manifestado que no es constitucional aplicar esta ordenanza porque no se puede promocionar la manera de pensar y vivir de estas personas (no heterosexuales), que son minoría. 

A esta corriente de críticas sobre el pretendido reglamento se han sumado muchas otras provenientes de medios de comunicación que además de no verle ni pies ni cabeza a la propuesta de la alcaldesa sostienen en sus editoriales que esta es una forma más de mostrarse ineficaz en la gestión municipal al no trabajar en obras de verdadero desarrollo local que requieren mayor atención suya como la del transporte y la infraestructura vial, por lo que su popularidad se ha visto mermada. 

Presiento que esa muy usada alegoría para referir que el pueblo tiene los gobernantes que se merece, últimamente, no tiene coincidencia plena en países que han emergido de modelos autoritarios de gobierno. La alcaldesa Villarán ha sabido administrar con dosis ciertamente menos comunicativas los logros que su gestión ha venido consiguiendo en asuntos de seguridad con puestos de auxilio rápido en zonas periféricas y céntricas de la ciudad, en parques y ornatos aprovechando el espacio que le ofrece, por ejemplo, las riberas del río Rímac para arborizar y ofrecer mayores áreas de esparcimiento, en salud, fortaleciendo los programas de prevención de embarazo, en infraestructura con remodelación de principales avenidas y en capacitación con programas de emprendimiento de negocios. Estas y otras obras más que, no cabe la menor duda, superan con creces las que se realizaron durante el primer año de su antecesor, teniendo la alcaldesa hasta el momento seis meses como autoridad municipal. Si tanto en cifras como en evidencias públicas Susana Villarán, quien lejos de prestar su nombre en carteles luego de inauguradas sus obras y de hacer un festín en los medios sobre lo construido, ha sabido mantenerse a la altura de lo que le demanda el cargo y sin populismos, ¿por qué no se beneficia de las simpatías de la sociedad que en ajustada mayoría votó por ella? Creo que la respuesta no tendríamos que buscarla fundamentalmente en los desaciertos de la autoridad, que seguro los tendrá más aun al inicio de toda gestión, sino en la mirada colectiva que sólo aprecia y mide el desarrollo en bolsas de cemento. 

La obra, como tal, ha cobrado un significado tan materialista que lo que la autoridad, por ejemplo, pueda hacer por mejorar la calidad de la educación pública podría pasar inadvertido frente a la creación y construcción de escuelas o universidades. Moisés Naím  ha dicho que mientras las clases medias de los países con mejores expectativas económicas vengan cubriendo sus insatisfacciones en la medida que su capacidad de consumo mejore,  tendrán aspiraciones distintas a las que tenían en épocas de escasez, por lo tanto, es lógico que las exigencias a sus gobiernos sean mayores. En Chile, un país estable en su economía y política, las constantes protestas callejeras no sustentan sus pedidos en más escuelas, sino en mejores escuelas. Naím también nos refiere el caso similar de Túnez, igualmente, con desempeño económico aceptable, frente al derrocamiento del régimen de Ben Alí que propiciaron sus ciudadanos. El Perú, con una economía sin déficits y una clase media mejor establecida que años atrás, ofrece al mundo un síntoma contrario a lo observado en otros rincones. Aquí, se impone la urgencia de ver la obra construida, amurallada, elevada o remodelada para comprobar la eficacia de la autoridad, su buen manejo público o la competencia para el gobierno. 

Por eso, ordenanzas como la que viene gestionando la alcaldesa Susana Villarán son duramente criticadas porque desde la clase opulenta inculta, administrando en su momento la burocracia de un país empobrecido por la corrupción reinante de décadas pasadas, se sostuvo que el desarrollo pasaba por la construcción de carreteras, puentes y escuelas, indudablemente necesarios para el bienestar social, pero excluyente de valores democráticos como el de la transparencia, los derechos humanos y el respeto por la ley. Una ordenanza que permita resguardar en espacios públicos los derechos de todos sin distinción de preferencias sexuales es un atolondramiento que la ciudad no debe el darse el lujo de permitir porque existen problemas más tangibles que atender. Para sus detractores no es un problema tangible que 249 homosexuales hayan sido asesinados en los últimos cinco años, según el reporte del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) , en crímenes catalogados como de odio, o que muchos otros, aunque no existan estadísticas exactas ya que no todas estas vejaciones se denuncian por resignación a esa falta de respuesta institucional, padezcan agresiones físicas por su orientación sexual. 

La alcaldesa ha declarado que la discriminación no se va a terminar con una ordenanza , pero señaló que es importante expresar que ningún lugar restringe el acceso o las prácticas cotidianas de cualquier ciudadano que la ley consiente. Y tiene razón, porque nombrar el problema es el primer paso para intentar solucionarlo. La anomalía para quienes quieren socavar esta medida de protección está dada por la condición sexual de “esa” minoría que quiere imponer su “ideología” a los demás. Alocución que no resiste el mínimo análisis serio por su banalidad, aunque con la tragedia de comprobar que la estulticia de nuevo engalanará gran parte de las curules del próximo Parlamento. 

La verdadera anomalía está en descubrir que no existe en la población una agenda de mandatos éticos que exija a sus gobernantes cumplir ya no sólo en memoria de los que sufrieron las consecuencias del racismo, la homofobia u otra forma de discriminación en la historia del país, con el trato esencial de la igualdad ante la ley, sino en nombre de los que disfrutan hoy los beneficios de un sistema económico para demostrar que el respeto por los derechos humanos es premisa insoslayable en el camino del crecimiento. 

Mientras que en Nueva York, Montevideo y otros muchos lugares en donde la ampliación de los derechos de ciudadanía y la razonable reacción frente a los atropellos de los mismos son sinónimo de buena salud social, en el Perú todavía permanece la discusión sobre quién, desde su orientación sexual, es sujeto de derechos y quién no. Me resisto a creer que este absurdo terminará cuando propuestas como la de la ordenanza necesiten estar hechas de cemento. 

Derecho de pernada

De muchacho, en los años cincuenta, muchas veces oí en Piura y en Lima a mis compañeros de barrio y de colegio jactarse de haberse desvirgado con las sirvientas de su casa. No lo decían de manera tan científica, sino utilizando una expresión que sintetizaba todo el racismo, el machismo y la brutalidad de una clase social que en aquella época se exhibían todavía sin el menor embarazo en el Perú: “Tirarse a la chola”. Entonces, los niños bien no hacían el amor con sus enamoradas, que debían llegar vírgenes al matrimonio, y para sus ardores sexuales solían elegir entre la prostituta y la criada. Ni qué decir que muchos padres alentaban sobre todo la última opción, temerosos de que la primera  acarreara a sus vástagos una purgación.

El derecho de pernada es antiquísimo y los señores feudales de la Edad Media europea lo legaron a los gamonales y patronos sudamericanos, cuyos estupros y violaciones a las campesinas han sido documentados hasta la saciedad por la novela indigenista. Pero se equivocan quienes piensan que estos atropellos sexuales de los fuertes y poderosos caballeros contra las mujeres pobres y desvalidas han quedado confinados en el mundo del subdesarrollo. La truculenta odisea que vive Dominique Strauss-Khan parecería demostrar que incluso en la civilizada Francia hay señores que, desafiando los tiempos que vivimos, se empeñan en perpetuar aquella siniestra tradición. Tradición que, dicho sea de paso, nunca se perdió del todo en el país de Proust y Molière. El gran Victor Hugo la practicó asiduamente en sus años otoñales, por ejemplo, y dejó testimonio de ello en un delicioso diario secreto que el erudito Henri Guillemin consiguió descifrar. ¿Es un atenuante, en su caso, que el autor de Los Miserables no violentaba a las sirvientas,  sino estableciera con ellas un pacto contractual y mercantil? Si aquella se dejaba ver sólo los pechos recibía un puñado de  centavos. Si se desnudaba por completo y el poeta no podía tocarla, medio franco. Si estaba autorizado  a acariciarla, un franco. Si el servicio era completo, franco y medio y a veces ¡hasta dos francos! El ilustre vate era muy cuidadoso con los gastos y llevaba una contabilidad maniática, gracias a lo cual hemos podido conocer esas debilidades de su vejez. Para disimularlas, las anotó en su diario en un español desfigurado (Verbigracia: “Visto mucho, cogido todo. Osculum”).

Si la acusación a la que debe hacer frente ante el Tribunal Supremo del Estado de Nueva York la confirman los jueces, Dominique Strauss-Khan –ex ministro de Economía de Francia, ex Director-Gerente del Fondo Monetario Internacional y, hasta el episodio del Hotel Sofitel, candidato favorito del Partido Socialista para representar a éste en la próxima elección presidencial– practicaba aquel derecho de pernada a la vieja usanza: añadido de golpes y maltratos a su víctima. Los médicos que examinaron a la camarera guineana que denunció al político francés de haberla obligado a practicar sexo oral con él detectaron que tenía desgarrado un ligamento del hombro, hematomas en la vagina y las medias rotas. La Policía, por su parte, ha comprobado la existencia, tanto en la pared como en la alfombra de la habitación, del semen que la camarera dice haber escupido, asqueada, luego de que el presunto victimario eyaculó. Estos son los hechos objetivos y la justicia deberá determinar si aquel sexo oral fue forzado, como dice la camarera, o consensuado, según asegura Strauss-Khan.

Como se ha comprobado que la camarera mintió a la Policía sobre su ingreso a los Estados Unidos –es una inmigrante ilegal– y que tuvo una conversación, en un dialecto guineano, con un hombre detenido por tráfico de drogas, ante el que se habría jactado de querer sacar dinero a su presunto violador aprovechando lo ocurrido, se dice que la acusación se tambalea y que el propio fiscal de Nueva York estaría pensando en encarpetar todo el asunto. Esto ha hecho que, en Francia, donde me encuentro ahora y donde, según una encuesta, un 50% de la opinión pública socialista todavía quisiera que Strauss-Khan sea su candidato presidencial, aparezcan muchos artículos y declaraciones de amigos y camaradas del ex ministro, quienes, encabezados por Bernard-Henri Lévy, atacan con ferocidad a la justicia estadounidense por haber mostrado a la prensa a un Strauss-Khan esposado y humillado, en vez de respetar su privacidad y su condición de mero acusado, no de culpable. Leyendo lo que escriben, parecería que el ex ministro es una especie de mártir y mereciera ser desagraviado.

A mí, en cambio, el personaje me parece repelente y tiendo a creer que lo que la camarera guineana dice de él es verdad. Me seguiría pareciendo repelente incluso si fuera cierto que el sexo oral con que se gratificó aquella mañana neoyorquina fue consensuado, pues, aun si lo hubiera requerido de buenas maneras y pagado por ello, habría cometido un acto cobarde, prepotente y asqueroso con una pobre mujer infinitamente más débil y vulnerable que él, la que se habría sometido a esa pantomima por necesidad o por miedo, de ningún modo seducida por la apostura o la inteligencia del personaje al que encontró desnudo en la habitación que iba a arreglar. “Tirarse a una sirvienta”, por las buenas o por las malas, es un acto innoble y vil, sobre todo cuando el que lo perpetra es un señor de horca y cuchilla, que es lo que era, hasta entonces, el casi intocable Strauss-Khan.

Yo no sé por qué las mentiras de la camarera atenuarían la falta de su presunto violador. Lo que se va a juzgar es si fue o no violada, no si es buena, sincera y desprendida. Si lo determinante para que la acusación prevaleciera no fueran los datos objetivos sino la personalidad y el carácter, el señor Strauss-Khan no quedaría bien parado. Sus antecedentes indican claramente que le gustaron siempre mucho las mujeres y que no tenía el menor empacho en demostrárselo, usando eso que los brasileños llaman la mao boba en las recepciones, ascensores y pasillos, como han hecho público los paparazzi de media Europa. Poco tiempo después de asumir la dirección del Fondo Monetario Internacional se vio envuelto en un lío de faldas, por haberse echado una amante entre sus subordinadas.

Y ahora mismo acaba de abrirse en París otro proceso contra él en el que la periodista y escritora Tristane Banon lo acusa de haber intentado violarla, en el año 2003, cuando fue a entrevistarlo para un libro. Ella fue citada en una especie de garçonnière, un departamento provisto sólo de una cama y unos sillones, y, según la joven,  tuvo que defenderse a patadas y rasguños de su entrevistado, que le rompió el sostén y el calzón mientras luchaban en el suelo. Tristane quiso entonces denunciar el intento de violación, pero su madre le impidió hacerlo, con el argumento de que aquello haría daño al Partido Socialista, en el que ella también militaba. La señora ha confirmado este hecho.

Así pues, si hay indicios negativos en lo que concierne al carácter y la personalidad de la camarera guineana del Hotel Sofitel, las credenciales morales del huésped están lejos de ser prístinas. Todo indica que ese señor superinteligente, ultrapoderoso y millonario estaba acostumbrado a permitirse ciertos excesos en el convencimiento de que a alguien como él esas debilidades le están permitidas, igual que el derecho de pernada a los señores feudales. Lo terrible es que parecería que buen número de sus compatriotas están de acuerdo con él. La indignación contra la Policía y la justicia de Estados Unidos por haber tratado a ese hombre tan importante y prestigioso como a un raterillo capturado in fraganti es casi unánime.

Yo no acabo de entender tanta indignación. El jefe de la Policía neoyorquina ha explicado que los presuntos culpables reciben el mismo tratamiento, se trate de pobres diablos o de banqueros: son llevados esposados al tribunal y expuestos a la prensa. También son presentados a la prensa cuando son declarados inocentes por la justicia, ya sin esposas. No ha habido encarnizamiento alguno contra Strauss-Khan. Pero, eso sí, no tuvo un tratamiento preferencial, debido a su ilustre investidura en el mundo financiero. Mucho me temo, por las cosas que leo estos días en París, que en su propio país hubiera recibido ese tratamiento preferencial, y, probablemente, jamás hubiera sido juzgado. Eso sí, la camarera guineana habría sido expulsada del país por ilegal, por falsaria y por practicar la prostitución.

Las familias que no quiere la Iglesia

Parejas de lesbianas, homosexuales, transexuales y bisexuales reivindican su visibilidad y sus derechos

“¡Tu madre es bollera!”, le espetó una niña a otra en un colegio de Santiago de Compostela. “No, mi madre es lesbiana. Y es feliz. ¿Y la tuya?”, contraatacó Helena, de 12 años, hija de una mujer que, tras divorciarse de su marido, se casó con otra mujer. “Para mí, yo sigo teniendo una familia”, cuenta Guillermina Domínguez, de 58 años y casada desde hace cinco con Stela. Estas dos mujeres conforman una de esas familias que no tienen en cuenta la Iglesia ni el Foro Español de la Familia cuando en las manifestaciones que encabezan gritan eso de ” la familia sí importa”. Precisamente las familias homoparentales fueron las protagonistas de muchos de los carteles y carrozas de la manifestación del Orgullo Gay, que se celebró en Madrid el día 2 de julio. “La ley del matrimonio gay y todas las leyes siempre son maravillosas, pero en la calle aún hay mucha discriminación”, afirma Guillermina, que no entiende cómo “una situación de amor puede producir rechazo”.

A ella se lo advirtieron, pero decidió ser coherente con sus sentimientos y dejar de engañarse a ella misma y a sus hijas. “Un día me miré al espejo y me pregunté ‘¿quién es esta mujer?’. Me di cuenta de que no me conocía”, recuerda Guillermina. En esa época llevaba 18 años casada. Atrás quedaban esos tiempos de juventud en los que ni siquiera sabía poner nombre a lo que sentía, cuando decidió hacer “lo correcto, lo sano, lo digno”, cuenta esta profesora de Historia criada en una familia católica. “De repente, dejé de ser mujer, madre, amiga y profesional y me convertí únicamente en lesbiana”, recuerda Guillermina .

De su decisión “personal e intransferible”, siempre quiso “salvar” a sus tres hijas, que se han criado con ella y Stela durante los últimos 13 años. “Por ellas se ha hecho y se hace todo en esta casa. Son lo más importante”, asevera Guillermina.

El mismo amor a los hijos fue el que hizo que Cati Pastor aprendiera, a los 47 años, “a entender a todo el mundo, a ver que no todos somos iguales”, explica esta madre, cuyo hijo pequeño, Álex, le dijo con 14 años que era homosexual. “Se te desmonta el mundo. Mi marido y yo nos pasamos 15 días llorando”, recuerda Cati, “sobre todo por la impotencia de no habernos dado cuenta de que Álex había sufrido tanto”.

Aprendizaje vital

El chico, que ahora tiene 20 años, pasó tres amenazado en el colegio y si tardó en contárselo a sus padres fue por miedo al rechazo. “Me dijo que él no quería ser así y que pensaba que lo dejaríamos de querer”, explica su madre, quien reconoce que no sabía realmente qué era la homosexualidad: “Llegué a preguntarle a mi hijo si quería ser una mujer”.
En una búsqueda desesperada en internet, Cati dio con la Asociación de Madres y Padres de Gays y Lesbianas
(AMPGIL), formada por más de 50 familias que, con la empatía como único método, convierten la desorientación de los padres en un aprendizaje vital. “Por muy modernos que seamos, el conocimiento que tenemos de la homosexualidad no nos sirve para gestionar lo que nos pasa”, cuenta José Mellinas, presidente de la asociación.

“No se trata de aceptar a tu hijo, como dicen algunos, sino de compartir la vida con él”, remarca Cati, quien añade que, a pesar de la ley del matrimonio gay, los homosexuales “aún no son personas libres”. “Mi hijo no puede expresar sus sentimientos por la calle. Cuando va de la mano de su novio, a veces lo
insultan”, explica.

Por eso, los activistas LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) no se cansan de repetir que tan importante como la legalidad es la visibilidad. Este es, precisamente, uno de los objetivos del colectivo, que pide al PP que retire el recurso contra el matrimonio gay interpuesto ante el Tribunal Constitucional. Más de 23.000 parejas del mismo sexo se han casado en España desde que en 2005 el Gobierno socialista aprobó la Ley del Matrimonio Homosexual.

Una sociedad sin miedo

Rubén Lodi y Gabriel Aranda, que llevan nueve años viviendo juntos, creen que esa es la clave para que “la sociedad pierda el miedo a los tipos de familia que no conoce”. Ni ellos mismos los concebían años atrás, antes de que, a Rubén (31 años), por ejemplo, lo sacaran “a empujones del armario”, cuenta. Este
ingeniero de telecomunicaciones, catequista en la adolescencia y ahora “agnóstico, laico y laicista”, dice que no entiende a la Iglesia: “Se llena la boca hablando de amor, pero el nuestro no vale”.

Esta pareja, miembro del colectivo universitario LGTB Arcópoli, tiene previsto casarse el año que viene. “Antes de que Rajoy, si gana las elecciones, tumbe la ley”, apunta Gabriel, informático de 29 años. Sobre la propuesta del PP de cambiar el nombre al matrimonio gay, la pareja lo tiene claro: “Estaríamos perdiendo derechos. Una misma institución no puede llamarse de dos maneras”, insiste Rubén, que equipara ese cambio a que “el voto masculino se llamara voto y el femenino, papelillo”.

El matrimonio “es una cuestión de dignidad”, añade Gabriel.El PP y la Iglesia han dicho en repetidas ocasiones que la familia está en peligro, pero en realidad, afirma la pareja, están en contra de que haya familias diferentes a las que ellos conciben “por pura homofobia”. “Somos nosotros los que estamos en peligro”, concluyen.

Protección del(a) consumidor(a) y prueba en los casos de discriminación: una agenda pendiente

Resumen: Las autoras analizan el reciente pronunciamiento de la Corte Suprema – Exp. N° 2145-2009-Lima– que ha declarado no haber nulidad de la resolución que desestimó la demanda de impugnación formulada en contra de una resolución de Indecopi, la cual declaró infundada la denuncia interpuesta por actos de discriminación por orientación sexual en una relación de consumo. A estos efectos, realizan un recuento de los hechos que sustentaron la denuncia y los diversos pronunciamientos que ha emitido el Indecopi sobre la carga de la prueba en casos de trato diferenciado; concluyendo que en la práctica los criterios establecidos en materia probatoria configuran una barrera de acceso a la justicia para los denunciantes.

El presente artículo analiza la sentencia de la Sala Civil Permanente de la Corte Suprema de la República emitida en el proceso contencioso administrativo interpuesto contra la Resolución N° 0665/TDC-INDECOPI que confirmó la Resolución de primera instancia administrativa que declaró infundada la denuncia del señor Crissthian Manuel Olivera Fuentes contra Supermercados Peruanos S.A. por actos de discriminación en razón de su orientación sexual por hechos producidos en agosto de 2004 en el local de la cadena de supermercados Santa Isabel ubicado en el distrito de San Miguel.

Cuando ocurrieron los hechos que motivaron la denuncia, el Indecopi había tenido ocasión de resolver favorablemente los primeros casos de discriminación en locales abiertos al público como discotecas por motivos raciales y de origen. Sin embargo, en materia de prohibición de la discriminación por orientación sexual el contexto normativo y reconocimiento jurisprudencial era inexistente. Fue en octubre de 2004 que el Tribunal Constitucional publicó su primera sentencia sobre el tema1 y unos meses después, en diciembre de ese año, entró en vigencia el nuevo Código Procesal Constitucional, la primera norma nacional que reconoce expresamente la prohibición de la discriminación por orientación sexual2.

Fuente: Gaceta Constitucional, sección Análisis y Crítica

Organizaciones de Defensa de los DDHH y La Red Peruana TLGB se reunieron para conversar sobre posibilidades de protección que brinda el Sistema Interamericano de DDHH

                                                          NOTA DE PRENSA

Organizaciones de Defensa de los Derechos Humanos y La Red Peruana LTGB se reunieron para conversar sobre posibilidades de protección que brinda el Sistema Interamericano de Protección de los DDHH en la denuncia de casos de violencia y discriminaciones contra Lésbianas, transexuales, gays y bisexuales.

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Matrimonio igualitario: qué cambió un año después

Argentina.- Desde su aprobación, más de dos mil parejas del mismo sexo dieron el sí en todo el país. Crónica de una ley que revolucionó la concepción de la sociedad argentina sobre la diversidad sexual.

El 15 de julio del año pasado Argentina salió del closet: se convirtió en el primer país en Latinoamérica que legalizó el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Lo que significó un enorme paso en el reconocimiento de derechos civiles para una minoría, también implicó la posibilidad de pensar la concepción que tenía la sociedad sobre la diversidad. Tanto es así que el debate sobre la homosexualidad y sus reivindicaciones se dio en todos los ámbitos, no sólo en el recinto. A un año de la sanción de la ley, según los datos que maneja la Federación Argentina LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans), más de dos mil parejas del mismo sexo pudieron contraer matrimonio con los mismos derechos que las parejas heterosexuales y siendo amparadas por el Estado.

Es destacable además que los matrimonios se celebraron en todo el territorio nacional, a pesar del conservadurismo de algunas provincias. “Era una realidad que era indispensable solucionar porque había una necesidad en todo el país, no solamente en algunos lugares del centro como se decía en el debate, sobre todo en el Senado cuando se cuestionaba la pertinencia a avanzar con la ley”, explica Esteban Paulón, titular de la Federación Argentina LGBT.

Por su parte, César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina, remarca el éxito que ha tenido la ley en las 24 provincias. “No es un tema de cantidad, es un tema de la necesidad que tenían las parejas de contar con una garantía de parte del Estado de su unión y de tener todos los derechos que tiene cualquier tipo de familia”, le comenta a NCN.

En cuanto a los números, también se registró la primera inscripción de un matrimonio igualitario internacional. Es el caso de la pareja conformada por el citado Cigliutti y Marcelo Suntheim, quienes en 2008 se casaron en el ayuntamiento de Madrid, España, denunciando que no lo podían hacer en Argentina. Y aunque en marzo de 2010 la jueza María Rosa Bosio rechazó la validez del casamiento, una vez que se sancionó la ley de matrimonio igualitario se vio obligada a autorizarlo, ordenando su inscripción en el Registro Civil de la Ciudad de Buenos Aires.

Otro detalle: entre los más de dos mil casamientos, hubo dos inicios de trámite de divorcios. En la comunidad LGBT, estas separaciones fueron tomadas con humor, argumentando que no poseen la visión del matrimonio como un sacramento, sino como una unión que también incluye la posibilidad de divorciarse.

A 365 días de su aparición en el Boletín Oficial, la ley no tuvo ningún problema de implementación, pese a que hubo funcionarios en Santa Fe y Córdoba que plantearon la objeción de conciencia para negarse a casar a parejas del mismo sexo. La respuesta de los gobiernos provinciales fue clara: se trata de una ley, por lo tanto no admite objeción de conciencia. Asimismo, se les planteó a los funcionarios que, si no estaban conformes, directamente renunciaran.

Ni guetos, ni apartheid

La madrugada del 15 de julio encontró a la comunidad LGBT reunida en la Plaza Dos Congresos a la espera de la sanción del Senado. Las banderas expresaban su oposición a la unión civil: “Ni guetos, ni apartheid. Los mismos derechos con los mismos nombres”. Y el resultado, aunque ajustado, desató una fiesta en la gélida noche porteña: fueron 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones.

El matrimonio igualitario simbolizó más que los beneficios específicos logrados: trascendió el derecho a la adopción, a la pensión, a la herencia e incluyó en su interior la idea de la legitimidad de la diversidad. “El Congreso al aprobar la ley lo que hace es poner un piso para poder avanzar en la lucha contra la discriminación, porque la ley en sí no resuelve los problemas de discriminación social. El cambio verdadero tiene que ver con que esa igualdad legal se traduzca en igualdad real”, señala Paulón.

Martín Canevaro, presidente de 100% Diversidad y Derechos, sostiene que “por más que a algunos no les guste o no terminen de reconocerlo, hoy la Argentina es más democrática, moderna, plural y diversa. Y creo que eso es algo que nos genera mejores condiciones para el desarrollo, porque ningún país se puede desarrollar seriamente sobre la base de la exclusión”.

La adopción por parte de parejas del mismo sexo fue el centro de los dardos de los opositores al matrimonio igualitario, quienes aludían razones psicológicas o espirituales para refutarlo. Incluso, días antes de su discusión en la Cámara alta, una caravana naranja colmó las inmediaciones del Congreso bajo el lema “Queremos mamá y papá”. Sin embargo, anteriormente a la ley, no estaba prohibida expresamente la adopción por parte de lesbianas, gays, bisexuales y trans.

Sí se avanzó mucho -y la ley otorga derechos concretos e inmediatos- en el caso de las parejas que tienen hijos por técnicas como la reproducción humana asistida, ya que la norma prevé la inscripción de esos hijos como parte del matrimonio. Aquí aparecieron algunas dificultades. “En un principio hubo una negativa de los directores de registros civiles provinciales a poder inscribir esos hijos de igual modo que los hijos de un matrimonio heterosexual, generando una resistencia burocrática que también hubo que vencer por vía de acciones en la justicia y acciones públicas. Pero por suerte se pudo ir avanzando y hoy incluso se ha modificado el certificado de nacimiento”, relata Paulón.

A su vez, el colectivo de la diversidad considera que resta resolver el caso de las parejas que no se casaron pero que también tienen derecho -como cualquier pareja heterosexual- a un reconocimiento conjunto de sus hijos.

No obstante, la diputada Marcela Rodríguez, de la Coalición Cívica, extiende la lista de asuntos faltantes del Congreso a favor de la diversidad sexual más allá de la iniciativa de identidad de género -prioridad número uno para la comunidad LGBT-. Es es el caso de la ley antidiscriminación votada por unanimidad en la Cámara baja hace más de un año pero congelada en el Senado; o las definiciones sobre la ley de fertilización asistida, que incluye esta vía de reproducción en el Plan Médico Obligatorio a aquellas mujeres que padezcan infertilidad.

“Uno de los problemas que avizoro es la ley de fecundación asistida -debería ser reproducción asistida-, que implicaría una marcha atrás en relación a la ley de matrimonio igualitario, porque si la ley garantiza igualdad de derechos para formar una familia, el dictamen mayoritario lo concibe solo en términos de enfermedad”, considera Rodríguez sobre la iniciativa impulsada por la macrista Silvia Majdalani. “Obviamente deja afuera a mucha gente, no sólo de la comunidad LGBT, sino también a los casos de parejas heterosexuales que, por algún bloqueo psicológico o problemas que no son infertilidad, tienen problemas para quedar embarazadas”, agrega en dialogo con NCN.

Más allá de estos proyectos, la comunidad LGBT pugna por una igualdad completa en el día a día. Todavía hay códigos contravencionales que criminalizan a la homosexualidad en la provincia de Formosa y Neuquén, todavía faltan políticas estructurales para combatir el VIH-SIDA, todavía hay normativas que impiden a las personas homosexuales a donar sangre y todavía hay “crímenes de odio” como el de Natalia Gaitán, la joven baleada por su condición de lesbiana.

A un año de un avance histórico, la diversidad es algo que enriquece a la sociedad. Por eso, los militantes de la homosexualidad lo reivindican con orgullo. Y ese orgullo no es una demostración de vanidad, sino una respuesta política a la homofobia que durante décadas los ha condenado a permanecer en el closet. Afortunadamente, en nuestro país, la puerta ya está abierta.

Matías Ortega

(Más información en la versión impresa de NCN) 

Fuente: http://www.ncn.com.ar/

Teniente Alcalde y regidores se reunieron con representantes de la Iglesia Evangélica del Perú

Representantes de La Municipalidad de Lima, encabezados por el teniente alcalde, Eduardo Zegarra y el presidente de la Comisión de Juventud y Deporte, profesor Manuel Cárdenas, tuvieron una positiva y esclarecedora reunión con los líderes de la Iglesia Evangélica del Perú, representados por el Concilio Nacional Evangélico (CONEP) y la Unión Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP), en torno a la problemática de la discriminación en la ciudad.

Los representantes del CONEP, el pastor Darío López, presidente y el pastor Víctor Arroyo, secretario ejecutivo; así como el pastor Cristian Scheelje, vicepresidente y la doctora Raquel Gago, secretaria ejecutiva de la Unión Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP), quienes junto al regidor evangélico de la comuna Rubén Gavino, de Restauración Nacional,  fueron portavoces de las inquietudes de la comunidad evangélica en relación a la ordenanza contra la discriminación, actualmente puesta en debate. Ellos coincidieron en la necesidad de luchar contra cualquier tipo de discriminación y enfatizaron la necesidad de que se realice un amplio debate y se busquen consensos más amplios, ya que las prácticas y formas de discriminación en la ciudad son muy extendidas.

Por su parte  el teniente alcalde, junto a los regidores Manuel Cárdenas, Inés Rodríguez, Maia Rojas, Olga Morán, Mónica Erazo y Dora Hernando, expresaron el irrenunciable compromiso de la gestión municipal de luchar contra cualquier forma de discriminación que vulnere los derechos humanos de las personas y que impida la convivencia democrática entre ciudadanos, reconociéndonos iguales.

Los regidores manifestaron su acuerdo en ampliar el debate y se anunció que próximamente serán convocados para recoger sus opiniones en esta fase de consulta de la propuesta.

Finalmente coincidieron en mostrar su preocupación por la manipulación política y tergiversación de la propuesta, con fines personales o de grupo, que lejos de poner por delante los derechos de los discriminados, utilizan un discurso que busca desestabilizar la actual gestión municipal.

Fuente: http://www.munlima.gob.pe

Teniente Alcalde y regidores se reunieron con representantes de la Iglesia Evangélica del Perú

Representantes de La Municipalidad de Lima, encabezados por el teniente alcalde, Eduardo Zegarra y el presidente de la Comisión de Juventud y Deporte, profesor Manuel Cárdenas, tuvieron una positiva y esclarecedora reunión con los líderes de la Iglesia Evangélica del Perú, representados por el Concilio Nacional Evangélico (CONEP) y la Unión Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP), en torno a la problemática de la discriminación en la ciudad.

Los representantes del CONEP, el pastor Darío López, presidente y el pastor Víctor Arroyo, secretario ejecutivo; así como el pastor Cristian Scheelje, vicepresidente y la doctora Raquel Gago, secretaria ejecutiva de la Unión Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP), quienes junto al regidor evangélico de la comuna Rubén Gavino, de Restauración Nacional,  fueron portavoces de las inquietudes de la comunidad evangélica en relación a la ordenanza contra la discriminación, actualmente puesta en debate. Ellos coincidieron en la necesidad de luchar contra cualquier tipo de discriminación y enfatizaron la necesidad de que se realice un amplio debate y se busquen consensos más amplios, ya que las prácticas y formas de discriminación en la ciudad son muy extendidas.

Por su parte  el teniente alcalde, junto a los regidores Manuel Cárdenas, Inés Rodríguez, Maia Rojas, Olga Morán, Mónica Erazo y Dora Hernando, expresaron el irrenunciable compromiso de la gestión municipal de luchar contra cualquier forma de discriminación que vulnere los derechos humanos de las personas y que impida la convivencia democrática entre ciudadanos, reconociéndonos iguales.

Los regidores manifestaron su acuerdo en ampliar el debate y se anunció que próximamente serán convocados para recoger sus opiniones en esta fase de consulta de la propuesta.

Finalmente coincidieron en mostrar su preocupación por la manipulación política y tergiversación de la propuesta, con fines personales o de grupo, que lejos de poner por delante los derechos de los discriminados, utilizan un discurso que busca desestabilizar la actual gestión municipal.

Fuente: http://www.munlima.gob.pe

Porno para mejorar la actividad sexual

La visualización de películas de explícito contenido sexual, conocidas como porno, viene siendo una recomendación para aquellas personas o parejas que buscan superar alguna disfunción o problema en su actividad sexual.

Algo que se debe considerar, sin llegar a emitir juicios morales, es que las imágenes proyectadas en estas películas sobre el rol de las mujeres y hombres en el encuentro sexual, son sumamente estereotipadas y por ello se debe evaluar personalmente antes de echar mano a esta recomendación. Hombres y mujeres valoran de modo  diferente el contenido sexual o erótico de estas películas. Los primeros, para quienes el cine porno ha sido parte de su práctica sexual, tienen familiaridad con él y, por ello, logra erotizarlos y brindarles placer. Para las mujeres,  este es un mundo poco o nada explorado. No ha sido un elemento de la construcción de su placer sexual, sino más bien algo que se ignora o rechaza.

Por ello,  si bien algunas de estas producciones –y si es firme propósito de la persona tomarlas de esa manera– pueden tener un nivel de didáctica de la sexualidad y permitir la exploración y reconocimiento del cuerpo como centro del placer, pueden resultar contraproducentes para estos mismos fines si se pierde el sentido de la realidad.

Muchas de estas películas suelen mostrar una sexualidad poco realista que, para  los hombres, de manera particular, puede erigirse en el modelo del varón que siempre logra el máximo placer. Esto puede generar comparaciones con el propio desempeño sexual, donde, la mayoría de las veces, se pierde en resistencia y fuerza, porque, valgan verdades, sostener el ritmo de actividad sexual que se muestra en el tiempo que duran estas películas, demanda condiciones casi atléticas.

Por otro lado, y como hemos mencionado, para la mayoría de las mujeres esta industria es ajena a su vivencia sexual. Respecto del rol femenino proyectado en estas producciones, puede haber una doble preocupación. La primera, que hay a veces una línea muy delgada para  diferenciar situaciones de fuerza sexual de lo que pueden ser actos de violencia. La segunda, el rol altamente liberal en el que se muestra a las mujeres y que  se contradice muchísimo con aquello que se espera de ellas en lo sexual. Por ello, la erradicación de la violencia y prejuicios machistas debe ser un prerrequisito ineludible para el uso de estas películas como estímulo sexual.

Si estos aspectos se valoran y la persona adulta considera útil la exploración, puede correr sus propios riesgos y asumirlos de tal manera que no dañen, premisa indispensable siempre. Entonces a explorar y probar. Y, si no resulta, a no desmayar en la búsqueda de opciones más acordes con su vivencia sexual.

*Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos
rossina@promdsr.org 

Fuente: http://www.larepublica.pe/