Sociedad civil ha promovido avances legales respecto a la maternidad

Cerca del Día de la Madre, sostuvimos una larga charla con la Dra. Marisol Fernández Revoredo, profesora de la Facultad de Derecho de la PUCP, quien cuestiona los patrones sociales y culturales que afirman que las labores del hogar y del cuidado de los hijos son obligatorias para la mujer.

Pese a que tenemos una Ley de Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres vigente, en nuestra vida cotidiana existen una serie de patrones sociales y culturales que desequilibran la balanza entre ambos sexos, sobre todo en lo relacionado con las responsabilidades vinculadas a la paternidad. 
Dentro de una cultura machista tradicional, la mujer tiene la obligación de hacerse cargo de todas las labores relacionadas con el cuidado del hogar y de los hijos, mientras que el hombre considera que estas tareas no son de su competencia. Es más, las labores domésticas y de crianza no se consideran un trabajo, sino parte de su rol de madre, que le corresponden por naturaleza y por lo tanto, tiene que asumirlas. Y más grave es el caso de las madres que cumplen con sus obligaciones tanto en la oficina como en el hogar, cuyo esfuerzo no es doblemente reconocido.

“Se sublima mucho la maternidad, se considera que las mujeres somos amorosas, sacrificadas, unas heroínas. Como si fuera algo que aflora instintivamente. Y creo que estas cosas están impuestas social y culturalmente. Si desde niñas nos regalan la muñeca, la cocinita, y todos los artefactos eléctricos que tienen que ver con el cuidado de la casa como juguetes, resulta obvio que tengamos el chip que eso es lo que nos corresponde”, afirma la Dra. Marisol Fernández Revoredo, profesora de la Facultad de Derecho de la PUCP. Con ella, abordamos diversos temas vinculados al derecho de la familia y de la mujer.
Mujer urbana vs. mujer rural

En nuestra legislación, contamos con normas de protección a la maternidad, que facilitan el desempeño de este rol: descanso pre y posnatal, bono de lactancia, una hora adicional de descanso para la lactancia materna, espacios en las empresas acondicionados para ello, etc. Sin embargo, estas leyes están orientadas a un grupo reducido de mujeres, que pertenecen a sectores urbanos y cuentan con empleo formal.

“Tenemos la visión de la mujer urbana, pero en un país culturalmente diverso como el Perú, ¿qué está pasando con la maternidad de las mujeres en el campo, de las zonas rurales, de comunidades campesinas? Parece que los diagnósticos se quedan en los espacios académicos de investigación, pero falta el compromiso para empezar a trabajar en políticas que generen cambios en esos patrones sociales y culturales”.
Licencias de maternidad y paternidad

Mientras que en nuestro país la licencia por maternidad es de 90 días y de paternidad es de cuatro, en Argentina se discute la ampliación de la licencia a 180 y 10 días, respectivamente. ¿Cuánto tiempo es suficiente? Para la Dra. Fernández, antes de luchar por una ampliación en la duración de la licencia por paternidad, hay que considerar la calidad del tiempo compartido con el menor.

“Deberíamos aspirar a que estas medidas tengan un impacto cultural importante, que ese mayor tiempo que va a tener el papá sea empleado para crear vínculos con el hijo y para que se comprometa con las tareas del hogar. Si tuviéramos paternidades más responsables, las mujeres que somos madres podríamos tener unas vidas más descansadas, menos estresantes, con menos cargas. Deberíamos apuntar a una cultura de responsabilidad familiar compartida, en la que el hombre se involucre cada vez más”.
Tenencia del niño y del adolescente

De acuerdo con el Código de los Niños y Adolescentes, cuando los padres estén separados de hecho, la tenencia del menor se determina de común acuerdo entre ellos; en caso contrario, le tocará al juez especializado decidir si vivirá con el padre o la madre, y para ello, contará con la asesoría de un equipo multidisciplinario (psicólogos, asistentes sociales, médicos legistas, etc.).

“Los casos de disputa por la custodia de un hijo son muy dramáticos; resulta difícil llegar a la verdad de las cosas, encontrar el punto donde está lo justo. Es altamente probable que los jueces le den la custodia a las mujeres porque se tiene la idea que un hijo estará mejor cuidado con su madre que con su padre. En este proceso, hay daños irreparables entre los padres, pero quienes se encuentran expuestos en medio de este conflicto son los hijos, quienes tienen que ir donde el juez y decir con quién se sienten más a gusto”.
Juicio por alimentos

En el derecho de familia, la palabra alimento tiene una connotación más amplia: además del sustento, abarca todos los gastos correspondientes a la vivienda, vestido, educación, instrucción y capacitación para el trabajo, asistencia médica y recreación del menor de edad. Y si la madre se encuentra gestando, incluye los gastos del embarazo hasta el posparto.

Los casos de familia constituyen el 40 % de la carga procesal en nuestro país. La demandante suele ser la mujer, que acude al Poder Judicial para pedir que el hombre, “proveedor económico”, asuma su rol ante sus hijos. “Antes una mujer necesitaba contratar a un abogado para que le redacte una demanda y pueda iniciar un juicio por alimentos. Ahora eso ha cambiado: existe un formulario simplificado que puede ser llenado y presentado por la misma demandante, sin intermediación de un letrado.”
¿Qué hacer?

Para la Dra. Fernández, la sociedad civil ha tenido un rol importante en promover los mayores avances en este campo. Ahora toca que el Estado –a través del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables- gestione campañas de sensibilización y elabore diagnósticos para generar políticas públicas que velen por la igualdad de género. Y agrega: “No hay que depositar la fe de los cambios en las normas. Es una combinación de leyes y cambios en los patrones sociales y culturales que los tenemos todos, desde el ciudadano de la calle hasta el juez, el ministro, el profesor, y que debe comenzar en casa”.

Solo así, de una buena vez por todas, la balanza estará equilibrada.

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