Un total de 97 mujeres fueron víctimas de feminicidio en el 2012

El Ministerio Público señaló que un total de 97 mujeres fueron asesinadas, víctimas de feminicidio durante el 2012, de ese porcentaje, 93,8% fueron por parte de su pareja, ex pareja o familiar, mientras que el 6,2 restante fue por un conocido o desconocido.

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Mi marido tiene tetas

Adriana Vásquez está casada con Brigitte Luis Guillermo Baptiste, el director del Instituto Humboldt, el transgenerista más famoso de Colombia. Confesiones de una esposa que aprendió a ser feliz.

Pocas veces comienzo una entrevista preguntándole a la entrevistada el nombre de su esposo.
Se llama Brigitte Luis Guillermo Baptiste y es el director del Instituto Humboldt.

Algo me dice que si su esposo —quien además es un profesional muy reconocido en su medio— no fuera travesti, no estaríamos aquí en SoHo, haciendo esta entrevista.
Pues le confieso que él está muerto de la envidia de que sea yo y no él el que salga en SoHo.

¿Hace cuánto están casados?
Desde el 31 de diciembre de 1999. Tenemos dos hermosas niñas que viven una vida muy normal.

¿Usted sabía que él era un travesti antes de casarse con él?
Sí, claro. Es que yo lo conocí en el Instituto Humboldt. Cuando él llegó yo ya trabajaba allí. Por cosas del destino terminó siendo mi jefe directo.

Y ahí fue el flechazo, amor a primera vista…
Pues sí, algo pasó entre nosotros. Y fue en la primera cita, en un restaurante, que él me dijo, así de un tacazo: “Mira, Adriana, tengo algo que decirte: soy travesti”. A esa edad, tenía 28 años, sabía más o menos qué era un travesti pero no sabía qué implicaba. Además yo lo veía a él inteligente, brillante.

¿En ese entonces se vestía todavía de hombre?
Sí, lo único era que tenía el pelo muy largo, usaba candongas y hasta ahí, de repente el pantalón muy ajustado. Yo veía en él a un hombre, además de que su voz es tremendamente masculina, voz de locutor.

¿Y qué reacción tuvo usted cuando él le contó que era un transgenerista?
En mi inocencia le dije de manera muy calmada que estaba bien, que yo también tenía un amigo que por las noches se trasformaba en budista; me pareció que era una revelación de una identidad secreta. Le dije que había visto cosas peores. Al comienzo él fue muy cauteloso con ese tema porque se acababa de separar de su esposa, después de dos años de matrimonio. Un buen día, él no pudo seguir con ese guardado y ¡chan!, le contó a la mujer: ella se espantó y se fue. Para Luis Guillermo eso fue muy doloroso. Por eso él era supercauteloso: él era el que trataba de poner el freno, mientras que a mí —que era más loca que una cabra—, eso me tenía sin cuidado.  

¿Me va a decir que no le importaba que su novio fuera travesti?
No, en ese momento no me importaba. Estábamos comenzando a salir y además yo estaba muy descrestada con él porque era una persona absolutamente brillante y dulce. Pero además, le quiero decir una cosa: yo ya lo sabía de oídas. Una amiga que también trabajaba en el Instituto me lo había contado.

Me gusta esa franqueza suya al aceptar que él le gustó no solo por su inteligencia y su dulzura, sino porque era un travesti. Hasta hace poco, a las mujeres que se atrevían a ser tan francas en ese terreno las ponían en la hoguera.
Pues para que vea que la cosa siguió avanzando y avanzando. En un momento nos dimos cuenta de que ya estábamos viviendo juntos. Luego vino toda nuestra historia: tenemos dos hijas hermosas.

¿Y las niñas entienden el transgenerismo de su padre?
Mis hijas son aún pequeñas. Una tiene siete y la otra, nueve. Él es su papá y aunque todavía no hemos entrado a discutir cuestiones de género ni de diversidad, nuestra filosofía es darles la información que van solicitando. Lo que vayan preguntando se lo vamos respondiendo con mucha frescura y naturalidad porque los niños son así, directos, espontáneos. Ahí vamos. Estamos esperando la adolescencia.  

Cuando él decidió ponerse senos, ¿eso no la golpeó? No me diga que eso tampoco le impactó…
Sí, fue difícil. Eso fue hace cinco años. Ya estaban las dos chiquitas. Él siempre había tenido esa inquietud. Desde que empezamos a vivir juntos la cosa fue in crescendo, se disparó. Ya era la ropa, los tacones. Dejó de usar pantalones. Un buen día se puso una falda y yo dije: ¡ahh!… pues sí.

¿Se ponía su ropa?
¡No, qué va!, yo me visto de botas con tacón bajito y medio hippie. Él tiene su propia ropa. Usa botas arriba de la rodilla. Y se las pone no por escandalizar, sino porque a él le gusta. Su ropero es tres veces más grande que el mío. Él se viste con una estética distinta, totalmente diferente a la mía; una estética que yo he ido aprendiendo a respetar. Le confieso que a mí me dio más duro ver cómo se vestía que se pusiera tetas. Esa estética es muy loba y estrafalaria. Hasta que él se puso falda, esa estética yo la entendía más como una excentricidad que como una transformación, y eso fue difícil. Solíamos discutir por las pintas, como me imagino que muchos otros matrimonios discuten por otras cosas. Un buen día me dijo: “Adriana, me voy a poner senos”. “Jiuuu —dije yo—, eso va a ser difícil”. Él me respondió que tenía que hacerlo. Tuvimos unas largas discusiones filosóficas de por qué eso era difícil para mí. Él me decía: “¡Pero si voy a seguir siendo yo!, el que tú conoces”. Y yo le respondía diciéndole que me entendiera, que lo que él se iba a hacer no era respingarse la nariz. Mi cabeza iba más rápido que mis tripas y mi estética. Yo también tenía una historia táctil y corporal, y a mí a fin de cuentas me gustan los hombres. Yo le decía: “Si tú fueras mi amigo, yo misma te llevaría a la clínica, pero como soy tu compañera me da duro, porque cuando por la noche me acueste en la cama no sé con qué me voy a encontrar ni qué voy a sentir por dentro”. Él, con toda la dulzura del mundo, me dijo un día: “No puedo. Si no lo hacemos va a ser peor”. Finalmente le dije: “¿Sabe qué? ¡Hágale!”. Yo misma lo llevé a la clínica y estuve con él en la cirugía. Cuando llegamos a la casa, luego de salir de la clínica, comenzaron a llegar los amigos: a él lo felicitaban y a mí me daban el sentido pésame.

¿No fue a buscar ayuda profesional?
Sí, fui a donde una psicóloga. Fui porque sentí que no iba a aguantar, pero creo que no me sirvió mucho. Yo tenía un discurso claro: sabía que Luis Gui era una persona con una vida totalmente coherente. Lo que piensa, lo hace. Y a mí eso me parece fabuloso. Ya quisiera yo tener ese coraje y esa coherencia. Pero además me puse a pensar que yo opinaba igual y que él estaba haciendo lo correcto. Luego de varios meses me cansé de ir. De repente, como en una epifanía, ¡pling!, me tranquilicé.

Se necesita mucho amor para llegar a donde usted ha llegado…
Eso era lo que yo me repetía: yo sí lo quiero, yo sí lo quiero. En realidad los dos tenemos una excelente relación, hablamos, nos divertimos, tenemos muchas afinidades. Mire, mi mamá me decía que de los novios que he tenido, en realidad Luis Gui es el más normal de todos. Lo único que le he pedido es que no se cambie la voz. En el fondo llegué a la conclusión de que yo no tenía que soportarme ni a un borracho, ni a alguien que me pegara. Luis Gui es juicioso, buen profesional, buen papá. ¿Qué más puedo pedir?

¿Y cuando ustedes salen por la calle la gente no se sorprende al verlos?
Tenemos la fortuna de que siempre estamos rodeados de gente que nos conoce, de gente inteligente y respetuosa. Nosotros somos una familia seguramente con pinta rara, pero a los diez minutos que hablas con nosotros nos comportamos como cualquier familia normal. Pero claro, en ciertos espacios no nos pasa eso. Una vez decidimos ir a Piscilago. Qué jartera, todo el mundo era mirándonos. Fue muy molesto. Soy muy discreta y no me gusta que me miren así. Luis Gui sí tiene más manejo escénico porque, precisamente, eso hace parte de su estética.

Y para rumbear, ¿cómo es la movida?
Ahí tenemos un gran problema: a Luis Gui le gusta el trance y a mí la salsa. Cuando salimos a bailar, salimos siempre con amigos. Hay que ser precavidos, porque si bien nunca nos ha pasado nada, uno nunca sabe.

¿No se habrá convertido usted en gay?
Pues yo no sé. Lo único que puedo decir es que yo ando con Luis Gui y vivo feliz y no sé si eso me cataloga o no como gay. Lo que entiendo del transgenerismo es que es un trans, porque en realidad esas personas no son mujeres. Luis Gui me parece una persona en evolución que va buscando su camino.

¿Luis Guillermo hace levantes?
Él es muy juicioso, pero tiene sus fans. Usted sabe, hay mucha gente por ahí con aberraciones. Y hace sus levantes, pero lo más interesante es que sus estudiantes lo quieren y lo defienden.

¿Qué ha aprendido de esta experiencia de vida?
Estudié Sociología en la Nacional, y aunque nunca fui revolucionaria, mis compañeros de más edad sí lo eran. Creo que esta es la pequeña revolución que me tocó dar a mí y la libro con mucho gusto. El transgenerismo es más frecuente de lo que todos pensamos. Esta es mi pequeña batalla.

Me da la impresión de que sexualmente ustedes son la berraquera.
Sí… Incluso desde antes de que se pusiera las tetas nos entendíamos muy bien. Efectivamente tocó reacomodarse cuando se las puso, pero yo creo que ese es un tema que les pasa a todos los matrimonios después de un tiempo. El sexo hay que reinventarlo para no aburrirse… Con decirle que ya sus tetas no son para mí ninguna sorpresa.

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Fuente: soho.com.co

¡Viva la Vida!

El caso de la argentina Juliana Finondo, de 39 años, ha dado la vuelta al mundo. Muchos lo consideran “un caso clínico extraordinario” pues pudo dar a luz, hace pocos días, pese a haber recibido un trasplante de corazón (hace 13 años) y a ser estéril. Todo gracias a la ciencia y, por cierto, a la fuerza de voluntad de ella y de su esposo, Gerardo Tuya. Un excelente tratamiento cardiológico y una eficaz fertilización asistida les permiten ser hoy felices padres de familia.
Pero si la ciencia ha sido el instrumento esencial para este auténtico “himno a la vida” que hoy simboliza esta pareja, el Derecho ha cimentado el camino. En particular, por el desarrollo conceptual y jurídico que facilita que esos adelantos científicos estén hoy jurídicamente disponibles para cada vez más gente. Y que, entre otros resultados, hoy día puedan circular en el mundo, con plenitud de vida, más de 5 millones de personas concebidas gracias a la fertilización asistida, conocida como “fertilización in vitro” (FIV). De no ser por esa técnica, esas personas simplemente no existirían.

La justicia interamericana ha puesto mucho de lo suyo para que este método  pueda estar disponible para parejas afectadas por la esterilidad. Que está calificada como una “enfermedad del sistema reproductivo” por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El único país del continente en el que la FIV estaba prohibida hasta hace pocas semanas era Costa Rica. Eso por un fallo del tribunal constitucional costarricense del año 2000 que así lo dispuso, en el entendido de que con la FIV se afectaba el “derecho a la vida” por los embriones que podían perderse.

Agotados mil trámites judiciales y parlamentarios ante instituciones costarricenses, las familias afectadas llevaron su caso a la Corte Interamericana. En la sentencia de diciembre del año pasado, la Corte estableció que esa insólita prohibición –existente solo en el Vaticano y en el Líbano– vulneraba los derechos a la integridad personal, a la vida privada y familiar y al principio de no discriminación de quienes querían ser padres y se les negaba el acceso a la FIV. La Defensoría del Pueblo de Costa Rica fue clara en expresar que la prohibición discriminaba a las mujeres, violentaba sus derechos a la igualdad y no discriminación y perjudicaba la salud reproductiva y el progreso científico. Solo quienes tenían muchos recursos podían recurrir a la FIV viajando a otro país.

Dispuso la Corte Interamericana no solo que Costa Rica deje sin efecto esa prohibición, sino que haga que la FIV –bien regulada– sea un medio disponible dentro de los programas de infertilidad en el sistema de seguridad social del país. Costa Rica está dando ya los pasos necesarios para dar pleno cumplimiento a la sentencia. Incluso la sala constitucional, la misma autoridad judicial que dispuso la prohibición en el año 2000, ha declarado improcedentes la semana pasada los intentos de confrontar en el terreno constitucional la sentencia interamericana.

En esencia y por su propio contenido, esta es una contribución fundamental a favor de la vida. Así lo expresan – “vivamente”– los millones de personas que hoy disfrutan de la vida gracias a que sus padres recurrieron a este tipo de métodos contra la infertilidad. Esas personas no estarían circulando por el mundo de no haber sido por eso. Por ello, resulta por lo menos “paradójico”, que la oposición a la FIV venga de un sector ultramontano de la iglesia que se pretende portaestandarte de la defensa de la vida y que, al paso que va, no hará sino continuar adelgazándose de fieles.

Es contradictorio y, además, inconsistente que en “defensa a la vida” se confronte a la FIV. Que, precisamente, permite que las parejas que deseen tener hijos puedan hacerlo. ¿Cuál es el “argumento”? Que en el procedimiento de la FIV se pierden embriones. Si bien eso es parte de la verdad, la verdad completa es que embriones se pierden, también, con la fertilización natural. Si hubiera coherencia en quienes sostienen ese discurso antivida, tendrían que sumar uno más uno y optar, en general,  por promover –y practicar– la abstinencia.

Fuente: larepublica.pe

Las 5 cuestiones principales que plantean quienes se oponen a la inclusión LGBT en la iglesia

En mis 30 años como defensora del amor de Dios por las personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT), he tenido innumerables conversaciones con quienes piensan distinto de mí sobre Dios, la Escritura y el lugar de los fieles LGBT en la iglesia.

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Maltrato infantil y desarrollo neurológico

El maltrato infantil es tan antiguo como la humanidad misma. Muestras de ello son ejemplos que conocemos: en el siglo I de nuestra era, la matanza de los niños inocentes por Herodes en la búsqueda de Jesús; en nuestra cultura conocemos a “Juanita”, la momia de una adolescente hallada en las faldas del volcán Ampato, aparentemente sacrificada a los dioses. Ya Aristóteles decía: “un hijo o un esclavo son propiedad y nada de lo que se hace con la propiedad es injusto”, y ese sentido de propiedad que aún es entendido en nuestros días por muchos padres lo que los autoriza a tomar muchas decisiones con los hijos, incluyendo la forma de educarlos y disciplinarlos.

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Un grupo de los Boy Scouts desafía la prohibición contra los gays de la organización

Un grupo de los Boy Scout de California está desafiando la prohibición de la organización contra la presencia de homosexuales al recomendar formalmente que un ex miembro gay reciba el rango máximo de Águila.
“Yo creo que esto no había sucedido nunca antes”, declara Eric Andresen, padre del ex scout Ryan Andresen.

Ryan, de 18 años, y sus padres captaron la atención de todo EEUU en octubre después de que su jefe de grupo se negara a aprobar su postulación para el rango debido a su orientación sexual.

Más de 462.000 personas firmaron la petición de los Andresen en el sitio Change.org para que el jefe de los Scout aprobara la postulación.

Mientras tanto, los Andresen llevaron la postulación de Ryan a la jefatura de los Boy Scout del área de la Bahía de San Francisco, donde llegó a Bonnie Hazarabedian, quien encabezaba la junta de revisión que aprobó la postulación y elevó su recomendación la semana pasada al cuartel general de la organización.

“No creo que la orientación sexual deba entrar en por qué un Scout es un Scout, o si son material humano para (recibir el rango de) Águila”, afirma Hazarabedian. “Sentimos sin duda alguna que él merecía ese rango”, añadió.

Poco después de que su postulación fuera negada por su jefe, la membresía de Ryan a los Boy Scout fue revocada.

“Hemos llegado a un punto en el que recibir el Águila no importa tanto. Es el mensaje lo que cuenta. Es el deseo de que ningún otro Scout tenga que pasar por esto”, afirma Eric Andresen, quien era un líder de los Boy scout hasta que su hijo fue echado de la organización.

Fuente: noticias.terra.es

Exorcismo

Estudié la secundaria en un colegio de curas de Pueblo Libre, al frente del Queirolo. Hubo dos o tres profesores excelentes pero el resto era para la antología del absurdo. Por ejemplo: el profesor de Química cuya obsesión, a la que fielmente dedicaba una de sus dos horas de clase semanales, eran los peligros de la masturbación. Una vez lo ampayé comprando pornos a los ambulantes revisteros que se colocaban a la vuelta de la Plaza San Martín. Imagino que estaba aplicando el método científico con él mismo, todo un Daniel Alcides Carrión del onanismo. Otro era el instructor premilitar que había institucionalizado la coima a niveles profesionales, con una red que incluía a padres y alumnos (a veces pienso que solo seguía la currícula; eran los 90, después de todo). Y, por supuesto, la inolvidable y curvilínea profesora de Religión que salió embarazada de un alumno de quinto de secundaria.

Pero el personaje más delirante en esta suerte de Arkham Asylum pedagógico era, sin lugar a dudas, el Jefe de Normas, una especie de auxiliar de disciplina cuyo alimento espiritual era el odio de generaciones de adolescentes que habían padecido su yugo desde, contaba la leyenda, finales de los 70. Sería fácil verlo, para alguien externo a esta situación, como una especie de víctima de la rebeldía adolescente que estaba encargado de controlar. Pero no, no era eso. Era un “laico comprometido”, es decir, un fanático religioso que veía todo a través del prisma de los versículos bibílicos. Su autoridad era absoluta, completamente arbitraria y, francamente, absurda. Podía espetarle a un alumno frases tan fuera de contexto como “eres como un fariseo, un sepulcro blanqueado”. Lo peor es que su autoridad moral, a sus ojos, era inapelable: él era un fiel devoto católico y, por tanto, todo lo que hacía era justo y bueno.

Adelantemos la película a enero de 2013. Un programa dominical dedica once minutos de su programación al terrorífico (y recurrente) caso de una joven “poseída por jugar a la ouija”. La trémula locución del reportero no presenta el caso como el evidente trastorno psicológico que es. Tampoco hace un llamado para que trasladen a la chica a la posta médica más cercana. Tampoco menciona que quizás sería un esfuerzo inútil porque menos del 2% del presupuesto del Ministerio de Salud se destina a combatir estos problemas ni que, según la OPS, en el Perú solo existen 6 mil psicólogos en un país de 30 millones de habitantes.

No, nada de eso. El periodista trata el caso como una posesión demoníaca real y aprovecha para presentar al personaje central de su nota: un sacerdote vestido con hábito morado. Según el reportaje, se trata del “único exorcista peruano con más actividad antidiabólica en todo el país” (sic, en serio). Sí, ya adivinó: es nuestro Jefe de Normas, que años atrás abandonó el colegio y catolicismo y se enroló en una secta que le permite vestirse de cura y exorcisar jovencitas. “El demonio existe. Es un ser vivo, pervertido y pervertidor”, dice el señor —al que los sacerdotes, católicos ellos sí, de un colegio permitieron supervisr adolescentes durante años— y luego reza en latín. Apago el televisor.

Según cifras del Ministerio de Salud, cuatro de cada 10 peruanos serán víctimas, alguna vez en sus vidas, de problemas de salud mental. Cuatro de diez. Cuatro, dijo el Jaguar.

Fuente: larepublica.pe

Cuidado: golpe avisa

Estamos indignados ante los miles de soles que los congresistas se han autoasignado por gastos de representación frente a los pospuestos ajustes salariales de médicos, policías, maestros, profesores universitarios, enfermeras y un largo etcétera; pero sugerir que se cierre el congreso, a pesar de que es mediocre, poco productivo, que se mueve en componendas y sanciona por venganza, es sumamente peligroso.

Nuestra democracia es precaria y como sostiene Fernando Tuesta, es probable que si se cierra el congreso, la mayoría aplauda el gesto populista, pero eso no solo implicaría quedarnos sin uno de los poderes del Estado, si no plantear el aislamiento del Ejecutivo a sus anchas, con un Poder Judicial aún perdido en sus propios laberintos y un Poder Electoral que no podría frenar el sinnúmero de leyes, decretos legislativos y otras modalidades de modificaciones legales a sola firma del Presidente.

Cuando el 5 de abril de 1992 Alberto Fujimori cerró el congreso y envió a la policía a detener a los presidentes de ambas cámaras legislativas, el gran sector de la opinión pública aprobó entusiasmada. Y no era un congreso peor que éste. La gente se sentía defraudada y pedían mano dura. Autoritarismo y desarrollo. Y lo tuvieron. Por supuesto que también tuvimos, todos, corrupción, fraudes al fisco, malversaciones de fondos, medios vendidos por billetes puestos en torres, un asesor de inteligencia que era el verdadero dueño del Perú, asesinatos selectivos dizque en defensa de la supuesta democracia y un caos moral del cual aún ahora no nos recuperamos.

Lo peor de todo es que TODOS hemos visto, gracias a la red más grande de corrupción grabada en video –los vladivideos– a decenas de personajes de todo orden, magistrados del Poder Judicial (ah, ¿ya olvidaron acaso a Rodríguez Medrano?), de la Fiscalía, generales del Ejército, de la PNP, pero también a los Crousillat, a Raúl Romero, a Gisela Valcárcel y a decenas de congresistas fujimoristas, pasar por la salita del SIN para sonreír y hacer las genuflexiones de rigor ante el Rasputin de Fujimori, y eso… si es que no les caían unos billetitos en su sobre manila.

Lo que comenzó con el autogolpe hiperaplaudido por los peruanos que prefieren que la política “se las hagan” fue esa laxitud moral y ética que primero pide mano dura, autoritarismo, un macho en el poder, y luego se pervierte con el agresivo e inmoral “que robe pero que haga” o en el asqueroso “todos somos conversables” que Raúl Romero esgrimía para hacernos creer que los peruanos somos de su baja calaña. Felizmente en esa época hubo gente que le dijo NO a Montesinos y a Fujimori, y recuerdo a Manuel Delgado Parker, por ejemplo, o a la misma Gisela Valcárcel.

Sin todo ese deterioro político que  comenzó cuando cerraron el congreso, no podemos olvidarlo torpemente. Ahora lo que nos toca es pedir renovación por tercios y eliminar el voto preferencial, convertido en el caballo de Troya del clientelismo de los congresistas e iniciar una movilización ciudadana cuestionando a las personas, pero no a las instituciones per se, porque aunque sean precarias nos permiten evitar el descalabro del poder en unas pocas manos.

Fuente: larepublica.pe

Igualdad y Conciliación

Como un intento de aunar esfuerzos por parte de todas las asociaciones, páginas, grupos o personas que apuestan por un futuro más justo. La propuesta comenzó en la página de Facebook de Especialista en Igualdad, ha dado como resultado una serie de propuestas para este 2013 que comienza.
A través de un debate en las redes sociales se ha elaborado este listado:

ENERO. Violencia simbólica.

FEBRERO. Amor romántico.

MARZO. Paternidad corresponsable. Permisos iguales e intransferibles

ABRIL. Ecofeminismo.

MAYO. Violencia Económica. Desigualdad salarial.

JUNIO. Logros del feminismo para la sociedad.

JULIO. Información, medios y machismo.

AGOSTO. Diversidad sexual. Interseccionalidad. LGTB. Queer.

SEPTIEMBRE. Coeducación. Educación con perspectiva de género.

OCTUBRE. Violencia Institucional.

NOVIEMBRE. Conceptos de violencia (género, familiar, doméstica, machista…)

DICIEMBRE. Juguetes sexistas.

Otros temas propuestos para #12causasfeministas para un 2013 menos machista son: no sexismo en la RAE, reapropiación del término Femineidad, violencia obstétrica, Violencia sexual y salud, lenguaje inclusivo, coordinar un gesto común contra micromachismos (piropos, bromas de mal gusto, chistes sexistas, paternalismos…), acabar con los mitos sobre la violación, TIC’s, nuevas masculinidades, medios de comunicación, mal tratamiento de la violencia machista en medios, apoyo a los medios de comunicación que trabajan por la igualdad, Educación preescolar con perspectiva de género, contra el turismo sexual, medios de comunicación y publicidad no sexista, que se termine con las “diferencias” de género en los cobros, que se incorpore la perspectiva de género en las carreras universitarias, sobre todo en las pedagógicas, recuperación de la memoria histórica de las mujeres, independencia económica de todas las mujeres, teorías queer, sexismo y racismo, violencia institucional … y muchas más que ya se han enunciado desde Facebook y las notas de Facebook.

Fuente: brizas.wordpress.com

Perú: crecimiento económico con exclusión social Perú: crecimiento económico con exclusión social

Desde el Gobierno de Toledo y luego con García y Humala, el Estado peruano decidió no ratificar la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes porque expresamente garantizaba que las y los jóvenes lesbianas y gays pudieran formalizar sus familias y ser protegidos de la discriminación homofóbica. El Gobierno peruano señaló que podría ratificar esta parte de la Convención, pero con reservas, es decir, aceptaban todo excepto que se proteja a lesbianas, gays, trans y bisexuales. Como esa propuesta era antijurídica y violentaba las legislaciones de otros países, esta Convención sigue en la congeladora del Congreso, mientras que los otros Estados ya la firmaron y la están ejecutando.

El Estado peruano vuelve a violentar los derechos de lesbianas, gays, trans y bisexuales, pero ahora de los adultos mayores. ¿Cómo así? La OEA tiene un proyecto de Convención Interamericana sobre los Derechos Humanos de las Personas Mayores y, como miembro, Perú puede emitir recomendaciones para mejorar este proyecto cuyo propósito es garantizar que las personas mayores ejerzan sus derechos plenamente sin discriminación ni violencia.
Entre las recomendaciones que envió la Cancillería peruana se encuentra lo siguiente: “Se sugiere, en la medida de lo posible, no utilizar el término “orientación sexual”, dado que el mismo no se encuentra tipificado en la Constitución peruana”. Ello debido a que el Artículo 30 de la Convención señalaba expresamente que los adultos mayores “de diversas orientaciones sexuales e identidades de género gozarán de todos sus derechos”. Con esta petición del Estado peruano, se excluye a las personas mayores lesbianas y gays no solo de nuestro país, sino de todos los países miembros de la OEA. Esto nos demuestra dos cosas:

Primero, la incapacidad del Gobierno para reconocer a todos sus ciudadanos. El Artículo 37 del Código Procesal Constitucional nos permite interponer una acción de amparo si se vulnera el derecho a la igualdad y a no ser discriminado por motivo de orientación sexual. Diversos tratados internacionales suscritos y ratificados por el Perú con rango constitucional, como la Convención Americana sobre Derechos Humanos, protegen a las personas contra este tipo específico de discriminación. Asimismo, Perú ha suscrito en la OEA, desde 2008, cinco resoluciones tituladas “Derechos humanos, orientación sexual e identidad de género”. Por último, el Tribunal Constitucional ha señalado que los tratados internacionales ratificados por el Perú tienen rango constitucional. 

Segundo, la capacidad de los operadores políticos de la Iglesia Católica para incidir, influenciar y lograr excluir a lesbianas, gays, trans y bisexuales peruanos de todas las políticas públicas. Lo que ha sucedido en la Cancillería peruana, como sucede siempre que se debaten estos temas, es que hay agentes de la Iglesia Católica trabajando desde la misma Cancillería y, además, el cardenal Cipriani personalmente llama a la Cancillería y se asegura de que los miembros de la delegación peruana en la OEA demuestren su total ignorancia de las leyes peruanas y su profunda y estúpida homofobia.

EL ESTADO PERUANO VUELVE A VIOLENTAR LOS DERECHOS DE LESBIANAS, GAYS, TRANS Y BISEXUALES, PERO AHORA DE LOS ADULTOS MAYORES.