Foto: neurobsesion.com

Los drones y la violencia de género

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La tarde del 24 de octubre del 2012, Mamana Bibi, una abuela de 68 años, estaba recogiendo okra, una verdura muy común en su país, para cocinar en la cena en su chacra del pueblo. Su nieto Zubair, de 15 años, estaba cerca, cosechando un poco de maíz en su camino de regreso del colegio, junto con un amigo suyo. Sus otras nietas también se encontraban cerca. Nabeela, de 8 años, estaba dando agua a sus animales junto con Asma, de 7, y Neema, de 5 años, que jugaban cerca. Podemos imaginarnos fácilmente esta escena, bastante común en cualquier zona rural. En unos minutos, esta escena familiar se convirtió en una tragedia, con el cuerpo de Mamana destrozado en pedazos y sus nietos y nietas con heridas de diverso grado, producto del ataque de dos drones.

Ghundi Khala, el pueblo de Mamana, se encuentra en Wasiristan Norte, Pakistan, región que, para desgracia de las familias que viven allí, se ha convertido en un lugar de refugio para los talibanes. Los drones, vehículos aéreos no piloteados cargados de explosivos mortales, que se empezaron a usar en el 2004, son el arma de guerra preferida por los Estados Unidos, con la aceptación del gobierno de Pakistán. Pensados inicialmente para enfocarse en un puñado de líderes talibanes, desde el inicio de la administración Obama su uso se ha extendido a atacar víctimas cuya identidad es desconocida, pero que tienen una conducta ‘sospechosa’ para los agentes de seguridad de la Estados Unidos que controlan el área por satélite. Es decir, ellos deciden sobre la vida y la muerte, juzgan y ejecutan penas de muerte sin control de nadie.

Además de la pérdida de Mamana, su familia ha tenido que pasar por hacerse cargo de la atención médica de los nietos que resultaron heridos. El pasado 29 de octubre, la familia de Mamana estuvo presente en una audiencia en el Congreso de los Estados Unidos. Viajaron desde Pakistán para denunciar el hecho. Sólo cinco congresistas estuvieron presentes en esta audiencia. Amnistía Internacional reportó un informe del Senador Lindsay Graham según el cual 4,700 personas han sido muertas por ataques de drones hasta setiembre pasado.

Desde el año 1991, a partir de una iniciativa de organizaciones de la sociedad civil, coordinadas por el Center for Women’s Global Leadership, se celebran los 16 días de activismo contra la Violencia de Género. El inicio de estos 16 días es el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer, y el final es el 10 de diciembre, el Día Internacional de los Derechos Humanos. Estas fechas fueron seleccionadas para enfatizar que la violencia basada en el género es una violación de los derechos humanos. Este año, el tema de la campaña es “De la paz en el hogar a la paz en el mundo: desafiemos el militarismo y acabemos con la violencia contra las mujeres”. El tema se centra en el militarismo como creación y normalización de una cultura del miedo que se apoya en el uso o la amenaza de violencia, agresión, así como la intervención militar en respuesta a los conflictos políticos y sociales o intereses económicos y políticos. Ese militarismo que hace que armas como los drones sean aceptadas como formas normales de enfrentar el terrorismo.

No más abuelas muertas por el militarismo.

Fuentehttp://www.noticiasser.pe/

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