Foto: campeche.com.mx

Tantas violencias

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Christian Hinostroza Estrada, Alexi Pacasi Vargas, Denis Rivero Sandoval, Jorge Padilla Costa, José Luis Salas, Bryan Romero Leiva, Joran van der Sloot no crecieron en el mismo lugar, ni en el mismo país. No se conocen, aunque quizás con el tiempo lo hagan en alguna cárcel peruana, pues todos ellos tienen en común el haber matado a una mujer. Son feminicidas, asesinos de mujeres. Las mataron porque no toleraron que salieran de su control, porque no les gustó lo que hacían, dispusieron de sus vidas porque se consideraban propietarios de ellas, consideraron que una mujer, por serlo, es desechable. Cínicamente, algunos de estos están planteando como defensa una figura que parece increíble que se pueda aplicar en los delitos de feminicidio: la llamada emoción violenta, que significa que no estaban, en los momentos del asesinato, en pleno dominio de su capacidad reflexiva. Este argumento no tiene sino el objetivo de bajar la condena, pues según el Código Penal las penas por feminicidio van desde 15 años de cárcel hasta cadena perpetua para los autores. En esas está Bryan Romero Leiva, el asesino de Ruth Thalía Sayas Sánchez, bajo el argumento de que al enterarse de las confesiones que hizo en un programa televisivo, le surgió una furia incontrolable y por eso la mató. También Pedro César Mamanchura, asesino confeso de la cantante Alicia Delgado, reclama esta figura, así como Joran Van der Sloot, quién asesinó en un hotel limeño a Stephany Flores porque, dice, se molestó al ver que ella andaba en su computadora, por nombrar algunos.
 
El feminicidio es la forma más extrema de violencia contra las mujeres y sucede todos los días, en algún lugar. La mayoría de las veces ocasionado por hombres que las amaban, que, dicen, no querían perderlas, que las consideraban de su propiedad. Como dice la canción: “la maté porque la amaba, la maté porque era mía” [1].  No es casual que la mayor parte de los feminicidios los realicen hombres que han sido parejas o ex parejas, como se ha mencionado en un reciente estudio de la institución Flora Tristán [2].   Según el estudio, el 58% de feminicidios los perpetran las parejas y el 26% ex parejas, y con extrema crueldad vale señalar, pues la mayoría las torturan, las golpean o las acuchillan. Cabe mencionar que los feminicidios han aumentado el presente año, llegando, según el mismo estudio, a 99 hasta el momento, mientras el año pasado fueron 83 y las tentativas, entre enero y octubre, alcanzan 122.
 
Hay un consenso de lo execrable que son los asesinatos de mujeres, que es algo que no debería pasar y que es un indicador de que algo está mal en las relaciones de género, en la sociedad que permite que esto siga ocurriendo sin que se tomen medidas y que la impunidad se establezca como norma, pues no hay ningún imputado por feminicidio hasta el momento. Sin embargo, hay otras múltiples formas de violencia o de justificación de la misma que no despiertan el mismo consenso y que tienen que ver con las concepciones de género vigentes, tanto de los hombres como de las mismas mujeres.
 
Por ejemplo, hace unos días una periodista sorprendió al público cuando señaló en un canal de señal abierta que somos las mujeres las causantes del acoso callejero, de incitar la incontenible líbido masculina, por lo que en el fondo cualquier agresión como las que solemos vivir las mujeres, especialmente las jóvenes, estaría justificada. “Tengo que defender a mis compañeros y a usted que está en casa, mi amigo ‘macho men’. Claro está. Y es que las mujeres provocamos esta clase de piropos. Nos ponemos apretaditas con los escotes y la minifalda. A nosotras nos gusta, nos encanta estar sexys y despertamos, pues, este instinto salvaje del varón…” dijo [3].  El acoso callejero es cotidiano, como el manoseo abierto o solapa en el micro, la violencia sexual perpetrada en las escuelas por los propios maestros y en las casas por los propios padres y familiares. Muchas de las víctimas son menores de edad, llegándose a porcentajes alarmantes, pues tenemos que el 76% de la violencia sexual contra las mujeres fue ejercida sobre niñas y adolescentes y 9 de cada 10 violaciones son perpetradas por hombres. Y aquí tenemos también, al igual que en los casos de feminicidios, alarmantes visos de impunidad, pues el 90% de los delitos contra la libertad sexual de mujeres de 14 a 17 años quedan impunes [4].  La trata de mujeres aumenta no sólo en las ciudades sino en zonas donde se desarrollan grandes proyectos o zonas donde florecen actividades ilegales, en donde adolescentes y jóvenes son prostituidas a vista y paciencia de la policía y de la población. ¿Qué nos están diciendo estas cifras sobre lo que nos pasa especialmente a las mujeres? ¿Qué nos dicen de la sociedad en que vivimos?
 
Lo que es claro es que la violencia está institucionalizada y que mientras se siga pensando que las mujeres somos inferiores, que nuestro rol es únicamente el doméstico y que somos propiedad de un hombre o que ellos pueden abusar sexualmente porque no pueden controlar sus instintos, seguirán creciendo los casos de violencia cotidianamente. Ayer mismo, mientras marchábamos por el día de la no violencia contra la mujer, un iracundo taxista, que se veía impedido de avanzar por la marcha y no despegaba su mano del cláxon, a la vista y paciencia del policía que se supone debía cuidarnos, nos gritó: “Mujeres de mierda, vayan a cocinar para que sus maridos no les peguen”. Así piensan, así también se actúa, porque la violencia no es sólo en la casa de parte de la pareja, sino también en la calle, en cualquier momento en que un hombre considera que rompemos la norma, en el trabajo, en los centros escolares, en los partidos o grupos políticos, cuando una mujer asume un cargo público, donde llega a ser agredida emocional y físicamente, como en el caso de Martha Hancco Mamani, regidora de la municipalidad distrital de Cojata de la provincia de Huancané en Puno, quien, al hacerle un reclamo al alcalde, recibió una cachetada y una amenaza de parte de este: “En la próxima, te agarro a puntapiés”, le dijo [5].
 
El 25 de noviembre fue elegido día contra la violencia hacia la mujer en el año 1981, en el primer Encuentro Feminista Latinoamericano y el Caribe realizado en Colombia, porque un día como ese, en 1960, en República Dominicana, las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas por orden del dictador Leonidas Trujillo a cuya dictadura se oponían férreamente, siendo antes torturadas y violadas como lo siguen siendo miles de mujeres en tiempos de guerra y en tiempos de paz también. Ellas nos recuerdan cómo la violencia contra las mujeres es una forma de silenciar sus voces y las de colectivos que luchan contra dictaduras o proyectos que afectan sus vidas, que les niegan la libertad y el futuro, y que seguimos viendo y viviendo, por ejemplo, en las movilizaciones contra megaproyectos como el de Conga, en la violencia policial ejercida contra las mujeres que, poniendo el cuerpo, han salido a defender las lagunas.
 
Este punto tiene relación con un tipo de violencia que amenaza la supervivencia económica y cultural de las mujeres indígenas y que ellas han llamado “violencia espiritual” [6] , que tiene que ver precisamente con el impacto que los proyectos de desarrollo que contaminan y depredan los recursos naturales tienen en sus vidas, pues ellas son quienes tienen la responsabilidad de la administración y el mantenimiento de dichos recursos en sus comunidades. Señalan ellas que, debido a las actuaciones de los megaproyectos en sus territorios, ellas están perdiendo los lugares sagrados y las prácticas que ellas consideran sagradas, que son parte de sus visiones distintas del mundo, por lo que su pérdida o la imposibilidad de practicarlas constituye un tipo de violencia que las afecta específicamente a ellas. Son tantas las formas de violencia, tantas que no basta un día para hablar de ellas. Se requieren acciones continuas de sensibilización y prevención desde el Estado, se requieren compromisos de las familias, de las autoridades, de todos y todas en todos los lugares frente a este flagelo que nos mata, que nos tortura, que nos impide el desarrollo, que nos niega el derecho de vivir en paz y ser felices.
 
NOTAS:
  1. Platero y yo, “La maté porque era mía”. 
  2. “Aumenta violencia contra la mujer: 99 fueron asesinadas”, Perú 21, 19 de septiembre del 2013.
  3. “Joyce Guerovich causa polémica por comentario machista”, video recuperado de TvperuanaBytroka.
  4. “Situación de la violencia sexual en el Perú”, Infografía publicada en La República, 8 de agosto del 2013.
  5. “Puno: Regidora denuncia agresión por parte de alcalde”, RPP Noticias, 30 de octubre del 2013.
  6. Mairin Iwanka Raya. Mujeres indígenas enfrentan la violencia, Informe complementario al estudio sobre violencia contra las mujeres del Secretario de Naciones Unidas, Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI), 2006.

Fuente: http://www.noticiasser.pe/

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