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Lo que Bruce no tuvo en cuenta

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Carlos Bruce no es un maricón, es un valiente. Tampoco es un radical. Es un conciliador y la prueba es que ha logrado convencer a todo el movimiento LGBT de pedir menos de lo que por convicción igualitaria les corresponde, menos de lo que sus pares consiguieron en Argentina o Uruguay: una unión civil que no se llama matrimonio y no permite adoptar niños.

A la vez, Carlos el conciliador tuvo que convencer a la bancada del Apra, donde es invitado, para respaldar su proyecto. Y así vimos a Mauricio Mulder, que de joven se liaba a golpes con quien insinuara que Víctor Raúl era gay, disertar, correctísimo, entre banderas arco iris. Aprendan, miembros del ‘pontificio’ Partido Popular Cristiano, ¡el Apra es la derecha liberal que les puede quitar el sitio que están usufructuando! ¡Qué vergüenza!

Pues me temo que toda esta labor de filigrana de Bruce no tuvo en cuenta que el bando conservador se iba a poner tan trejo. Él puso una mejilla, mostrando el proyecto rebajado que tenía en las manos y, ¡zas!, la Iglesia le ha respondido con poco menos que una patada en el trasero.

Mi impresión es que en los últimos años hay un recrudecimiento del fundamentalismo católico en el Perú. La Iglesia está saboteando sistemáticamente toda reforma del Estado que amenace aumentar el libre albedrío de la gente y, con él, sus derechos sexuales y reproductivos. La consigna y loca idea implícita es que desde el Perú, Chile y Colombia, faros de crecimiento sostenible, se pueden revertir las ‘aberraciones sexuales’ que cunden en el Primer Mundo y empiezan a asolar la región. Sudamérica, reserva natural del cristianismo, cuna del nuevo Papa, trinchera de fe, está llamada a voltear una tendencia que el sentido común dice que es tan irreversible como lo fue la abolición de la esclavitud, el voto femenino y la legalización del divorcio.

Tan radical se ha puesto el clero, con Juan Luis Cipriani a la cabeza, que han hecho causa común con sus rivales evangélicos y han depuesto inquinas internas. Por ejemplo, el monseñor Bambarén sería capaz de cualquier cosa con tal de fastidiar a Cipriani, salvo apoyar la unión civil.

Tan radical se puso el cardenal que propuso un referéndum, sin contar con que sus aliados políticos y empresariales no pueden ver con buenos ojos un exabrupto plebiscitario a lo Chávez. O tal vez se inspiró en California, donde la unión civil se permitió hasta que un referéndum anuló su base legal. Pero eso duró poco. La Corte Suprema la restituyó y el gobierno federal de Estados Unidos aceptó el matrimonio igualitario. Un paso atrás y varios pasos adelante.

El papa Francisco ha logrado dos milagros. Uno, que los gays lo crean ‘gay friendly’ porque dijo algo tan ambiguo como “quién soy yo para juzgarlos”, y, dos, que los ultraconservadores lo crean ‘Opus friendly’, porque saluda a su líder con un ‘che, Juan Luis’ (Cipriani dixit) y porque lo colocó en su selecto Consejo de Economía.

No la tiene fácil, pero creo que el esfuerzo concertado de Bruce puede y debe ganar en el Congreso. Los legisladores indecisos tienen la gran oportunidad de aceptar la mano conciliadora que les tiende la historia. Si no lo hacen, el futuro les va a pasar la factura. Y a Keiko le va salir muy caro el odio que destila en su bancada el pastor Julio Rosas.

Fuente: El Comercio

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