Foto: peru21.pe

Madre de Dios, entre el olvido y la violencia

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Madre de Dios atravesó una paralización que llevó casi un mes sin que a nadie, al parecer, le interese. El paro regional convocado por la Sociedad Civil de Madre de Dios, al que se sumaron los mineros de Mazuko y Laberinto, las organizaciones de base y organizaciones de la sociedad civil como vaso de leche, clubes de madres, Federación Nativa, Agricultores, mercados, tiendas comerciales y demás. Al iniciarse el paro se incluyeron más de quince puntos en agenda, actualmente se han reducido a cuatro:

1). La derogación de los Decretos Supremos N° 015-2013-IN, N° 006-2013-EM y N° 004-2014-IN. El primer decreto se  refiere al control de insumos químicos para el narcotráfico y establece cuotas de venta de combustible reduciéndolo sustancialmente, lo que origina la protesta. El segundo, incide en límites a la dotación de combustible en Madre de Dios; lo que reduce sustancialmente las cuotas de combustible. Y el tercero, excluye a los distritos de Las Piedras y Tambopata de la provincia de Tambopata, la provincia de Tahuamanu y los distritos del Manu y Fitzcarrald de la provincia del Manu para el control de bienes fiscalizados en el narcotráfico. Entonces 4 de 11 distritos son excluidos del 015-2013-IN, lo que se exige es que toda la región sea excluida de este decreto.

2). La derogación de los Decretos Legislativos N° 1100, 1101, 1102, 1103, 1104, 1105, 1106 y 1107. Estos ocho decretos tratan sobre minería informal y minería ilegal y darían solución al tema minero. Buscan formalizar la Minería Informal y desaparecer la Minería ilegal.

3). Una reunión o sesión del Consejo de Ministros en la ciudad de Puerto Maldonado. El tema ya está solucionado, debido a que el Gobierno ha confirmado que se realizará la sesión de consejo la quincena de junio de este año en Madre de Dios.

4). Un presupuesto suplementario para reparar los perjuicios económicos a los agricultores, consecuencia de las lluvias intensas e inundaciones de los meses de enero del presente año.

Más allá de los temas del paro, se tiene la sensación de que la región de Madre de Dios ha sido olvidada por el Estado Peruano, muy poco se ha comentado de la situación y las consecuencias y violencia que ha generado.

Huelga de hambre de atención.

Hace unas semanas el Gobierno Regional, con todas sus direcciones regionales e instituciones públicas, se sumó a la protesta, luego de que el presidente regional, Jorge Aldazabal Soto, conjuntamente con el congresista Amado Romero, además de alcaldes distritales y representantes de la sociedad civil, declarasen una huelga de hambre. En Puerto Maldonado, capital de región, también representantes y universitarios tomaron esta medida. Felizmente esta huelga de hambre ha sido levantada el día jueves 17.

Increíblemente desde hace ya varios días el Hospital Santa Rosa (único hospital en la ciudad) se encuentra abarrotado de decenas de policías (otros han sido trasladados a Cusco) y manifestantes heridos producto de los enfrentamientos, algunos traídos desde Mazuko, y otros de Laberinto. El día miércoles 16 de abril más de mil policías y manifestantes de la sociedad civil se enfrentaron con bombas lacrimógenas, perdigones, piedras y con cuanto objeto se puedan defender. Existen heridos entre policías, manifestantes y vecinos, algunos de ellos niños. El Hospital se encuentra en alerta verde producto del citado paro.

Desabastecimiento de todo menos de cerveza.

Al caminar por las principales avenidas de Puerto Maldonado no vimos ni autos ni mucho menos taxis, ya que la venta de combustible brilla tanto como el oro en estos días y continúa con los precios elevados actualmente. Sin embargo, la basura en las calles sí fue recogida.

Hay que observar que en el marco del paro regional los negocios y restaurantes atendían a puertas cerradas a comensales fijos y apenas cuando llegaba las 9 ó 10 de la noche abrían sus puertas al expendio de sus productos, que de por sí ya bordean hasta dos veces más que el precio de Lima, vendiéndose hasta el triple. Las micro-economías, ambulantes de frutas y verduras, carnes y otros enseres, subieron el precio de sus productos y realizaban sus ventas en plena vía pública y con visible insalubridad, exponiendo a la población a infecciones estomacales y demás. Al mismo tiempo que el precio del parchado de llantas se triplicó.

Además de la población, los policías destacados a Madre de Dios sufrieron las consecuencias del desabastecimiento de alimentos: las pensiones y/o restaurantes se encontraban cerrados, y los que estuvieron atendiendo los días más intensos del paro subieron el precio del menú. En algunos establecimientos se oyó decir que a los policías no se les debía vender comida.

Un hecho anecdótico es que los bares y discotecas abrían con total normalidad para atender a los parroquianos, bares que al parecer son los que mejor se acoplaron al paro. No ha habido desabastecimiento de cerveza en sus locales y observamos gran afluencia de personas. Tal vez éstos mismos sean manifestantes, mineros o  mujeres que fueron expulsadas de los campamentos mineros luego de varios operativos e interdicción y de lugares como Huepetuhe, donde la comida escaseó desesperadamente.

La violencia se agudiza.

La violencia se inició en Mazuko, donde un centenar de efectivos policiales impedían que los manifestantes tomaran la vía principal Interoceánica de acceso hacia Cusco y Puno. El paro tuvo como víctima mortal con un disparo en la cabeza a un padre de familia identificado como Américo Laura, que (aún no hay resultados de investigación fiscal) fue trasladado a Puerto Maldonado y de ahí a su ciudad de origen Quillabamba, en transporte de la policía. A decir de los pobladores de Mazuko, fue un policía el que disparó a matar al mecánico y habría más muertes no reportadas.

En Mazuko detuvieron a quince manifestantes, y en Puerto Maldonado a otros 14 manifestantes. Todos ellos han sido recluidos en el penal de San Francisco. Entre la investigación se encuentran: disturbios, bloqueo de carreteras y daños a la propiedad privada.

Los manifestantes reclamaban atención del Gobierno central. Contradictoriamente a una protesta pacífica, algunos manifestantes echaron tachuelas por las principales avenidas ocasionando que las motos y carros frenasen su tránsito normal. Los policías dosificaron bombas lacrimógenas en distintas avenidas para dispersar las concentraciones.

Muchos infiltrados y facinerosos, al no encontrar trabajo, se regresaron a la ciudad a delinquir y hacer daño a la propiedad privada y con total desparpajo utilizaron la fuerza contra quienes se resistían a apoyar. Entre sus víctimas se encontraban mototaxistas, ambulantes y mujeres. Además estos delincuentes utilizaron el paro regional para acosar sexualmente a adolescentes y mujeres de universidades y de organizaciones que salieron a las calles como manifestantes o simplmente miraban de lejos.

La naturalización del conflicto.

En la cuarta semana del paro regional, la normalidad en Puerto Maldonado se vio venir el domingo 13 de abril cuando el Comité de Lucha de Madre de Dios dio tregua desde el día sábado por la noche hasta el domingo al mediodía para que las personas pudieran “abastecer la olla en casa”. Los mercados, comerciantes y productores atendieron toda la noche, otros desde la madrugada hasta la hora indicada. La población estuvo a merced de que volvieran a dar tregua para poder abastecerse. Estos hechos se volvieron como el pan de cada día.

Precisamente en esta tregua el Premier y varios Ministros sobrevolaron la ciudad y se entrevistaron con la Cámara de Comercio en la base área. La Cámara de Comercio indicó la pérdida de más de 5 millones en comercio y en el sector turismo, mayoritariamente de turistas brasileños. Lo que no se entiende es que los ministros que llegaron a la región no se entrevistaran con las autoridades ni locales, ni mucho menos las que estuvieron en Lima haciendo la huelga de hambre. Logrando de esta forma prolongar las protestas.

El miedo de Madre de Dios.

Lo preocupante fue que durante dos semanas los colegios e instituciones educativas cerraron sus puertas. Todos acataron el paro, incluso los escolares, quienes soltaron arengas en las calles y salieron por voluntad propia, pero sin recibir garantías.

Frente a hechos de violencia vividos en la región, jóvenes estudiantes universitarios y no universitarios en las semanas pasadas desarrollaron vigilias demandando el cese de los actos de violencia en los que se vio afectada toda la población.

A pesar que el paro ha cedido no podemos asegurar que las protestas no continúen; así que hacemos un llamado a las instituciones públicas que trabajan a favor de la niñez y adolescencia y a la sociedad civil a vigilar y resguardar la integridad de niños, niñas y adolescentes, y que éstas marchas sean pacíficas, repeliendo a manifestantes infiltrados que realizan destrozos y generan violencia. Aconsejamos no llevar a niñas y niños a las marchas, que se queden en casa custodiados por una persona adulta de confianza para prevenir todo tipo de violencia hacia ellos o ellas.

Ahora los platos rotos los pagamos niños, niñas, adolescentes, jóvenes que de a poco asisten a los colegios mientras se normalizan las labores académicas y aquellos/as que llegamos a trabajar sin familia alguna a quien recurrir. Vemos la forma de que esto se sepa en una ciudad que, por causa del centralismo, condena al olvido a lugares como Madre de Dios y se preocupa de cómo se desarrollan culebrones nimios, mientras que un departamento del país sostenga una huelga de casi un mes no interesa.

Tania Romero – integrante del equipo de Capacitación, proyecto Crecer Seguras.

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